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Tesla: ¿promesas vacías o el futuro ya a la vuelta de la esquina?

El escepticismo se cierne sobre Tesla. Mientras los inversores sueñan con un nuevo año y nuevas ambiciones, la compañía de Elon Musk parece atrapada en un ciclo familiar: prometer lo imposible y entregar una fracción.

Amazon acelera en la carrera por el robotaxi

En medio de este panorama, Amazon, a través de su filial Zoox, ha dado un golpe sobre la mesa. La empresa anuncia pruebas de sus robotaxis de diseño propio en Miami y Austin, marcando lo que definen como un “año de crecimiento”. Pero no se trata de simples prototipos; Zoox está preparando un despliegue real, con vehículos que carecen de volante o pedales y ofrecen a los pasajeros controles de temperatura y música. Lo que realmente sorprende es la velocidad de su expansión, superando con creces la de Tesla en este ámbito.

La estrategia de Zoox no se limita a las nuevas ciudades. La compañía planea más que duplicar su presencia en Las Vegas, incorporando hoteles de la Strip y el acceso al Aeropuerto Internacional Harry Reid, un enclave que mueve a más de 55 millones de pasajeros al año. Una jugada audaz que busca escalar rápidamente el volumen de viajes.

Elon musk: ¿optimismo desmedido o falta de ejecución?

Elon musk: ¿optimismo desmedido o falta de ejecución?

Mientras tanto, Tesla, que lanzó su programa piloto de robotaxis en Austin el pasado junio, ha rebajado drásticamente sus expectativas. Musk había vaticinado un alcance nacional masivo para finales de 2025, cubriendo la mitad de la población estadounidense. Ahora, la empresa se conforma con un cuarto a la mitad, y eso sí, con la aprobación regulatoria en la mano. Pero la realidad es aún más preocupante.

Según datos internos de Tesla, sus robotaxis están rindiendo significativamente peor que los conductores humanos, con una tasa de accidentes superior a la de Waymo, la división de conducción autónoma de Alphabet. Un reciente informe de Bank of America revela que el desarrollo de robotaxis representa un abrumador 52% del valor de Tesla, eclipsando incluso al negocio automotriz (21%) y al proyecto Optimus (un mísero 2%).

La dependencia de la inteligencia artificial, los vehículos autónomos y la robótica ha convertido a Tesla en una apuesta arriesgada. La compañía, otrora líder indiscutible en innovación, necesita urgentemente acelerar su ritmo para recuperar terreno y demostrar que sus promesas no son humo en los ojos. De lo contrario, la confianza de los inversores, y el valor de sus acciones, podrían sufrir un golpe devastador.