Tesla se aprieta el cinturón: 365.000 coches en q1, la primera muesca del año
Tesla reconoce que el primer trimestre de 2026 no será un paseo. La compañía calcula que entregará 365.645 vehículos, un 12,5 % menos que los 418.227 del último trimestre de 2025. El dato, filtrado por la propia empresa y recogido por los analistas que sigue de cerca, supone, no obstante, un 8 % más que el mismo periodo del año anterior. La euforia se enfrió, pero no se congela.
De esas 365.000 unidades, 351.179 serán Model 3 y Model Y, los workhorses que siguen sosteniendo la cuenta de resultados. El resto se reparte entre los Model S, X y la promesa de un nuevo vehículo que Elon Musk ya insinúa con fotos filtradas desde Gigafactory Texas: carrocería alargada, línea de techo más alta y cristales traseros descomunales. Minivan 2.0, dice él; “algo mucho más molón”, insiste.
La mirada puesta en 2030: más de tres millones de unidades
Mientras los rivales suman mesas de despacho, Tesla ya negocia con sus proveedores lotes de baterías para 3.032.000 coches en 2030. El plan pasa por disparar la producción anual hasta casi 1,7 millones en 2026, según el promedio de quince casas de análisis que la firma convoca cada trimestre. Nadie quiere quedarse fuera del pastel, aunque el pastel aún está en el horno.
En el terreno de las baterías, la empresa desplegó 14,4 GWh en el trimestre, apenas 200 MWh más que en octubre-diciembre de 2025. Para todo el año espera superar los 65 GWh. La escala sigue siendo la clave para bajar costes, pero la cadencia de ensamblaje no termina de despegar al ritmo que prometían los 4680 de hace dos años.

Ross gerber pica, gary black advierte: el spin off de spacex divide a los inversores
La secuencia de entregas llega en medio de una pugna de egos. Ross Gerber, socio gerente de Gerber Kawasaki, lanzó un dardo en X: “La gente ya olvidó que Tesla vende coches”. La frase suena a despecho después de que la compañía anunciara el chip Terafab para centros de datos de IA, alejándose del mantra “accelerando la transición mundial a la energía sostenible”.
En la esquina opuesta, Gary Black, gestor de The Future Fund, urgió a los accionistas a votar en contra de cualquier fusión con SpaceX. “La dilución sería brutal y el múltiple se desplomaría”, advierte. La idea de integrar ambas firmas circula desde hace meses en Palo Alto y Hawthorne, pero los inversores institucionales aún no han tragado el anzuelo.
El mensaje es claro: Tesla sigue siendo un caso de estudio en gestión de expectativas. La compañía que revolucionó la electrificación ahora juega en tres tableros —coches, baterías, chips— y cada uno tiene sus propias reglas. Q1 deja un sabor agridulce: menos coches que en la vorágne navideña, pero suficientes para mantener viva la promesa de los tres millones en la próxima década. El mercado castigará o premiará en función de lo que ocurra en Berlín, Shanghái y Austin antes de que termine el verano. La apuesta sigue en curso; la ruleta, girando.
