Tesla se enfrenta a un tsunami de vehículos usados: ¿está en peligro su rentabilidad?
La euforia del leasing de vehículos eléctricos, que hace apenas unos años parecía una apuesta segura para la industria automotriz, se está convirtiendo en una pesadilla para Tesla. Un aluvión de vehículos eléctricos devueltos al mercado, con una depreciación mucho más rápida de lo previsto, amenaza con erosionar significativamente los beneficios de la compañía de Elon Musk.

El giro inesperado del mercado de vehículos eléctricos
Durante años, el leasing de vehículos eléctricos se presentó como una solución ideal para los consumidores, permitiendo mitigar los riesgos asociados a la rápida evolución tecnológica de las baterías y acceder a pagos mensuales más atractivos, especialmente en un contexto de tipos de interés en máximos. Incluso, existía una peculiaridad legal que permitía que la venta de estos vehículos usados se beneficiara del crédito fiscal federal de 7.500 dólares. Pero la realidad ha golpeado con fuerza: la rápida depreciación de estos vehículos está dejando a las financieras, y especialmente a Tesla Finance, en una situación delicada.
La diferencia entre el valor proyectado de estos vehículos al final del leasing y su valor real de mercado es alarmante. Expertos del sector estiman que los vehículos eléctricos devueltos al mercado son, en promedio, 10.000 dólares menos valiosos de lo que las financieras habían previsto, una cifra que oscila entre los 5.000 y los 20.000 dólares dependiendo del modelo y el precio inicial. La cifra habla por sí sola: a finales de 2025, un vehículo eléctrico de tres años solo habrá conservado alrededor del 40% de su valor original, una caída vertiginosa en comparación con el 90% que mantenían a principios de 2022.
Tesla, líder indiscutible en el mercado de leasing de vehículos eléctricos, se encuentra especialmente vulnerable. La compañía, según Automotive News Research & Data Center, registró la cesión de casi 229.000 vehículos eléctricos en leasing el año pasado, superando con creces a General Motors (101.000) y Ford (52.000) combinados. Esto significa que el golpe será más directo y, posiblemente, más severo para Tesla.
Pero hay un detalle que podría atenuar el impacto: Tesla no asume la totalidad de las pérdidas. A través de su filial de financiación, Tesla Finance, la compañía colabora con terceros, como Ally Bank y JPMorgan Chase, para cubrir la mayor parte de sus leases. El verdadero riesgo reside en la creciente incertidumbre sobre el valor futuro de los vehículos eléctricos y en el potencial efecto dominó que podría afectar a toda la industria.
La situación evoca recuerdos de la crisis de 2008, cuando las financieras de Ford y GM se vieron obligadas a afrontar pérdidas multimillonarias debido a la drástica caída en el valor de los vehículos y la restricción del crédito. GM llegó a deshacerse de su filial de financiación como consecuencia de la debacle. Aunque el contexto actual es diferente, la lección es clara: la gestión del riesgo de depreciación es crucial en un mercado volátil como el de los vehículos eléctricos.
Con un volumen estimado de 800.000 vehículos eléctricos usados que inundarán el mercado en 2028, las pérdidas para la industria podrían ascender a los 8.000 millones de dólares. Para Tesla, la clave estará en su capacidad para adaptarse a la nueva realidad y gestionar con prudencia su cartera de leasing. De lo contrario, la euforia inicial podría convertirse en una costosa factura.