Arabia saudí despliega su tubería de 1.000 km para salvar el petróleo mundial
Arabia Saudí bombea ya a plena máquina los 7 millones de barriles diarios que su oleoducto Este-Oeste puede tragar. El truco lleva décadas en el cajón: desviar el crudo hacia Yanbu, en el Mar Rojo, y olvidarse del Estrecho de Ormuz. Ahora funciona. A las 5 de la madrugada del primer ataque contra Irán, los técnicos abrieron las válvulas. Desde entonces, 5 millones de barriles diarios salen por Yanbu y otros 700.000 a 900.000 en productos refinados. El resto, 2 millones, se quedan en las refinerías saudíes.

La autopista del desierto que evita el cuello de botella
El oleoducto nació de la guerra Irán-Iraq de los 80. Mide 1.200 km, cruza el desierto y costó una fortuna que Riad amortizó con la certeza de que, tarde o temprano, Ormuz se cerraría. Hoy ese día llegó. El truco no cubre todo el vacío: antes pasaban 15 millones de barriles por el estrecho. Pero evita el pánico. Por eso el Brent no se ha ido a 150 dólares.
El problema se llama ahora Mar Rojo. Los hutíes yemeníes anunciaron que entran en la guerra. Ya han lanzado drones contra buques cerca de Bab el-Mandeb. Si la ruta saudí se tapan, el próximo escenario es África: el oleoducto de Egipto entre el Mar Rojo y el Mediterráneo tiene capacidad para 2,5 millones de barriles, pero opera al 60% y necesitaría meses de obra.
Arabia, acostumbrada a ser el último seguro del planeta, juega su carta de 1.000 km de tubería. La jugada le da oxígeno al mercado y le permite seguir vendiendo mientras Irán arde. Pero si los hutís apuntan a Yanbu, el desierto se quedará sin salida y los inventarios globales contarán los días en reversa.