Arabia saudita se queda a mitad de camino: 56 gw de renovables en 2030, 74 gw cortos
El reino que prometía 130 GW de energía limpia para 2030 apenas rozará el 57 % de la meta. Así lo confirma el tracker de GlobalData: a este ritmo, Riad necesitaría conectar más de 23 GW por año, una barbaridad cuando en los últimos doce meses apenas sumó 4,5 GW entre sol y viento.
El último rédito llegó en octubre con la subasta número seis del Programa Nacional de Energía Renovable (NREP). Allí se repartieron 4,5 GW que, en el papel, suenan bien; en la hoja de ruta, se hunden. La siguiente tanda, 5,3 GW más, ya tiene candidatos preclasificados, pero ni siquiera esos proyectos —que entrarían en operación en 2026— lograrían enderezar la curva.
Por qué el reino petróleo se atasca en su propio desierto
arabia saudita tiene dinero, sol de sobra y gas sin exportar. Lo que le falta es velocidad de ejecución. La red eléctrica sigue dominada por ciclos combinados de gas y por crudo barato que cuesta menos que cambiar de chip. El resultado: 13 GW renovables instalados hoy, cuando la promesa oficial habla de 130. La brecha, abismal.
El problema no son las subastas —que funcionan— sino lo que viene después: PPAs firmados con prisa, financiación bancaria que se demora y una red de transmisión que aún no sabe dónde meter tanta fotovoltaica. El país se ha autocomplacido con un modelo de “build, but not too fast” que ahora se le vuelve en contra.
El NEOM que iba a ser la vitrina verde del príncipe Mohamad bin Salman añade más presión. Convertido en hub de centros de datos e IA, el enclave demandará gigavatios adicionales. Si antes sobraban watts, ahora faltarán. Y los inversores lo saben: la escalada bélica en la región encarece el coste del capital y paraliza firmas que ya tenían el pie en el umbral.

El negocio que se escapa entre los dedos
El hueco de 56 GW representa, en proyectos fotovoltaicos de última generación, unos 70 000 millones de dólares de inversión que podrían irse a Egipto, a Omán o a la India si Riad no acelera. La tasa interna de retorno de un solar saudí sigue siendo del 11-12 %, pero los bancos ya piden primas de riesgo más altas y los desarrolladores exigen contratos a 25 años, no a 15.
El mensaje es brutal: o Arabia firma más PPAs antes de que termine 2025 o verá cómo los fondos pivotan hacia mercados menos ambiciosos pero más predecibles. El país se ha marcado una meta tan agresiva que su propio ritmo la hace inviable. Lo peor: con crudo a 80 dólares, el incentivo de seguir quemando barrile barrile es tentador.
La transición energética saudí no está muerta; simplemente se queda en un parking de obra pública. Y cada año que el reino no suma 23 GW, el desierto le gana terreno a la promesa.