economia

Asia-pacífico devora turbinas y reescribe el mapa energético global

Hay una contradicción que nadie en las capitales asiáticas quiere admitir en voz alta: los países que más alto gritan sus compromisos climáticos son exactamente los mismos que están comprando turbinas de vapor y gas a un ritmo que no se veía en décadas. Un nuevo informe de GlobalData sobre el mercado global de turbinas lo deja en negro sobre blanco, y las cifras son tan elocuentes que resultan incómodas.

El mercado que nadie puede ignorar

La región Asia-Pacífico concentra el 76,9% de la cuota global de turbinas de vapor en 2025. No es un liderazgo ajustado: la segunda región en el ranking, EMEA, apenas alcanza el 14,6%. En turbinas de gas, la historia es similar: el mercado de APAC se valora en 4.600 millones de dólares este año, frente a los 2.800 millones de EMEA. Para 2030, esa cifra escalará hasta 7.400 millones. La distancia no se cierra; se amplía.

Pavan Vyakaranam, analista sénior de energía en GlobalData y autor del informe, lo resume con precisión quirúrgica: la combinación de demanda eléctrica sostenida, industrialización acelerada y expansión de infraestructura urbana obliga a los gobiernos de la región a mantener una apuesta firme por la capacidad térmica, mientras intentan cuadrar el círculo entre seguridad energética, asequibilidad y transición sostenible. Cuadrar ese círculo, en la práctica, significa seguir quemando carbón y gas.

Urbanización como motor y como problema

Urbanización como motor y como problema

La cifra que lo explica todo: Asia-Pacífico albergaba más de 2.200 millones de habitantes urbanos a marzo de 2025. Para 2050, ese número habrá crecido un 50%. Cada nueva ciudad, cada nuevo polígono industrial, cada nuevo bloque de apartamentos en Hanói, Yakarta o Chennai necesita electricidad. Y la necesita ahora, no cuando las renovables terminen de instalarse.

El consumo eléctrico per cápita en la región creció un 192% entre 2000 y 2023. En ese mismo período, la población pasó de 3.700 a 4.800 millones de personas. La demanda no solo crece; se multiplica sobre una base cada vez mayor. El think tank Ember calcula que Asia registra un crecimiento de la demanda eléctrica de aproximadamente el 5% anual, más rápido que cualquier otra región del planeta.

Las dos turbinas y sus destinos divergentes

Las dos turbinas y sus destinos divergentes

Las turbinas de vapor y las de gas comparten familia, pero no futuro. Las primeras, mayoritariamente asociadas a la generación con carbón, ofrecen alta capacidad y escala rápida. Son el instrumento favorito de cualquier ministro de energía que necesite resolver un apagón en el corto plazo. El problema es conocido: emisiones elevadas, perfil ambiental deteriorado y una presión regulatoria que no para de crecer.

Las turbinas de gas, especialmente en configuración de ciclo combinado, emiten significativamente menos carbono. Son el primo más presentable de la generación térmica, el que los gobiernos pueden defender ante los organismos internacionales sin que la sala estalle en protestas. Por eso están ganando terreno en los mercados que necesitan equilibrar objetivos de descarbonización con una demanda que no espera.

Lo que no cambia es la dirección general: ambas tecnologías tienen el respaldo explícito de los gobiernos de APAC como necesidad a medio plazo. China prometió alcanzar el pico de emisiones en 2030 y la neutralidad climática en 2060. India apunta al net zero en 2070. Pero mientras tanto, India está construyendo infraestructura industrial a una velocidad que la llevó a superar a Reino Unido como quinta Economía mundial en 2022, y el FMI ya la sitúa por delante de Japón en el cuarto puesto en 2026.

El sudeste asiático, el nuevo taller del mundo

Vietnam fabrica electrónica y textiles para el mundo. Malasia atrae semiconductores. Tailandia ensambla automóviles. Indonesia monta vehículos eléctricos. Todo ese movimiento industrial necesita energía base, estable, ininterrumpida. Las renovables variables no sirven solas para alimentar una línea de producción que no puede detenerse.

Y luego está China, que produce más del 75% de las baterías de litio del mundo y supera el 80% de los módulos solares globales. La ironía es perfecta: el mayor fabricante de tecnología verde del planeta es también el mayor consumidor de generación térmica, y sus propias empresas están entre los principales fabricantes de turbinas de vapor y gas del mundo.

Modernizar lo viejo antes de construir lo nuevo

El carbón no desaparece de un día para otro. Lo que está ocurriendo en APAC es una apuesta por la modernización de activos existentes: tecnologías supercríticas y ultrasupercríticas que exprimen más electricidad de cada tonelada de combustible, sistemas digitales de monitorización que reducen fallos y mejoran eficiencia. No es la transición que los activistas climáticos imaginan, pero es la que los números permiten.

El informe de GlobalData es directo al respecto: las oportunidades de negocio en estos mercados no están en nuevas plantas de carbón desde cero, sino en proyectos de modernización y retrofitting con cumplimiento de emisiones. El carbón se queda, pero se viste de tecnología más limpia.

En el resto del mundo, la narrativa es diferente. Europa empuja con REPowerEU hacia turbinas preparadas para hidrógeno. Estados Unidos usa la Ley de Reducción de la Inflación para incentivar la captura de carbono y el cofiring con hidrógeno en turbinas de gas. Arabia Saudí añade más de 7 gigavatios de capacidad en ciclo combinado bajo el paraguas de su Visión 2030. Cada región tiene su propia lógica, pero todas convergen en el mismo punto: el gas es el puente, y el puente se está ampliando.

Asia-Pacífico no está eligiendo entre el clima y el desarrollo. Está eligiendo los dos, en ese orden, y el mercado global de turbinas lleva años tomando nota.