El cierre de hormuz enciende la vuelta al carbón y la cola del kerosene en asia
Las Filipinas acaban de declarar la primera emergencia energética nacional desde que Irán selló el Estrecho de Hormuz y el retrovisor se ha quedado pegado en 1973. En Manila vuelven a verse colas de coches de media hora para llenar el depósito, los aviones comerciales pueden quedarse en tierra en cualquier momento y Marcos Jr. ya ha pedido a Washington licencia para comprar crudo a Irán y Venezuela, aunque estén sancionados. La reserva nacional ha caído de 57 a 45 días de cobertura en menos de un mes. El mensaje es brutal: el país más pro-EE.UU. del Sudeste Asiático puede acabar pagando en yuanes por un barril persa.
Corea del sur reactiva reactores nucleares y prohíbe circular a 1,5 millones de coches
Seúl no se anda con eufemismos: ha encendido reactores que llevaban años en desuso, ha puesto tope al precio de la gasolina por primera vez desde 1995 y ha prohibido que 1,5 millones de vehículos oficiales circulen un día a la semana según la matrícula. Samsung y Hyundai ya han cancelado la entrada de empleados que usan coche particular. El plan de cuatro fases de Nueva Zelanda recuerda a los niveles de alerta por la pandemia, pero ahora la escasez es de diésel y la amenaza es la parálisis de la cadena de montaje de snacks y envases de plástico que llegará en abril.
En India, la mitad de la población cocina con bombonas de gas importadas por Hormuz. Cuando el paso se cerró, las colas empezaron a las 3 a.m. y los crematorios de Pune dejaron de incinerar con gas. Los restaurantes de Jaipur retiraron los samosas del menú y regresaron a la leña. El gobierno de Modi ha tenido que aumentar la producción nacional de GLP un 28 % en cinco días para evitar disturbios. La lógica es demoledora: sin gas, vuelve el fuego ancestral y con él la deforestación.

El shock llega a ee.uu. como inflación, no como apagón
Washington no va a apagar ni una bombilla, pero cada semana que Hormuz siga bloqueado arrasa el bolsillo del consumidor. La gasolina nacional ya promedia 3,98 $ el galón y en Los Angeles toca 5,97 $, un 27 % más que hace un mes. El diésel supera los 5 $ y arrastra el coste del transporte de todo lo que se come o se usa. Larry Fink, CEO de BlackRock, dibuja el peor escenario: crudo por encima de 150 $ durante años. El aviso es directo: la reserva estratégica de 80 millones de barriles que ha soltado Japón apenas da para 45 días y la Agencia Internacional de Energía ya no tiene más palancas.
La lección se resume en una frase que escuché en Manila: “El precio lo pone el que cierra el paso, no el que abre el grifo”. Mientras Irán cobra peaje en yuanes a quien le conviene y deja fuera a aliados históricos como Filipinas, Asia se repliega al carbón, Corea reactiva reactores y la inflación vuela a California. El siglo XXI acaba de encontrar su nuevo 1973, solo que ahora la escasez no es de barriles, de esos hay, sino de permiso para comprarlos.
