El crudo ya no espera la paz: toca 112 $ y la guerra en irán enciende el medidor del pánico

El petróleo ha dicho basta. Brent ha cerrado en 112,43 $, su nivel más alto desde que el Estrecho de Ormuz se convirtió en un campo de tiro. En la jornada ha llegado a trepar un 4,2 % cuando el rumor de un ataque israelí a instalaciones nucleares iranías cruzó las pantallas de los traders. La guerra ya no es un escenario: es la base de cotización.

Por qué el crudo se despegó del resto de activos

Mientras los bonos del Tesoro se refugiaban y el S&P 500 perdía un 2 %, el petróleo encontró fuelle en la simple lógica del suministro: 20 % del crudo mundial pasa por el Estrecho de Ormuz y la Armada iraní lo tiene bloqueado. Cada barco que intenta sortear el cerco —como los dos portacontenedores de Cosco que viraron en seco el viernes— añade un punto de tensión al precio.

La liquidez se ha evaporado. Los market-makers han retirado órdenes y los algoritmos, hartos de titulares contradictorios, operan con spreads de 2 $ de ancho. El resultado: un simple cable de la CNN sobre una «prórroga de diez días» que nadie pidió ha bastado para disparar los contratos de abril. «Nadie quiere irse a casa corto un viernes cuando el Pentágono despliega la 82ª Aerotransportada», resume Darrell Fletcher, jefe de materias primas en Bannockburn.

La subida que ya duele en la bomba y en la nevera

La subida que ya duele en la bomba y en la nevera

El 53 % que ha avanzado Brent en marzo no es un número de agencia: es el recargo que pagará la transportista española que licita rutas para mayo, es la excusa que ya esgrime la aerolínea para subir 30 € el billete a Nueva York y es la razón por la que India ha rebajado impuestos a gasóleo en mitad del año fiscal. El gasóleo en Singapur cotiza 140 $ por tonelada por encima de enero; el fuel de avión, 155 $. La inflación global acababa de doblar su rodilla y el crudo le pisa la herida.

El diferencial Brent-WTI se ha dislocado hasta 13 $, el máximo desde 2013. La culpa la tiene la abundancia de inventarios en Cushing y la promesa de Trump de soltar 30 millones de barriles de la Reserva Estratégica. El mensaje es brutal: Europa y Asia pagan premio por el crudo que EE UU ya no necesita.

Cuándo 200 $ deja de ser una boutade

El viernes, Macquarie elevó a un 40 % la probabilidad de que la guerra se alargue hasta junio. En ese caso, ven el barril en 200 $. No es el único banco: Standard Chartered repite la cifra y Goldman perfila «escenarios de 175 $ si se cierra Ormuz por más de 45 días». El consenso de mercado, hace tres semanas, era 65 $.

La Casa Blanca ha empezado a sondear a Pakistán como posible intermediario y planea enviar al vicepresidente JD Vance a Islamabad este fin de semana. La ironía: mientras los diplomáticos buscan salidas, el Pentágono acelera el despliegue de Unidades de Expediciones Marinas. La última vez que coincidieron barcos y negociadores en la misma zona, el precio tardó nueve meses en doblarse.

La historia reciente dice que los picos de guerra se derrumban cuando aparece la firma del alto el fuego. Pero esta vez el daño físico —refinerías bombardeadas en Abadan, oleoductos cortados en Jask— no se repara con un comunicado conjunto. El mercado ha aprendido la lección: ha dejado de apostar a la paz y empieza a cobrar por la ausencia de guerra. La factura llegará el lunes a las gasolineras. Y no habrá prórroga que la frene.