El dólar se dispara ante el temor de una guerra larga en irán
El dólar cerró el viernes en su nivel más fuerte en siete días. Detrás del repunto solo hubo una palabra: Irán. Misiles cruzados, puertos petroleros golpeados y la promesa de 10.000 soldados estadounidenses adicionales en la región bastaron para que los inversores huyeran hacia la liquidez del billete verde.
El petróleo enciende la mecha de la inflación
Un salto del 5% en el crudo fue el detonante secundario. La subida empujó al alza las expectativas de precios y reduce aún más las probabilidades de un recorte de la Fed en 2026: los swaps ya solo dan un 4% de chances a un ajuste en la reunión de abril. La guerra se cobra otra víctima: la tesis de la desinflación rápida.
En la zona euro, el BCE se parte en dos. Pierre Wunsch no descarta una subida en abril si el conflicto se alarga; Isabel Schnabel pide no precipitarse. El mercado se queda con la primera voz y eleva al 52% la probabilidad de un incremento de 25 pb a finales del mes. El euro, atrapado entre la fuerza del dólar y la duda interna, cedió un 0,12%.
Japón sufre por ambos lados: petróleo caro y diferencial de tipos. El yen tocó mínimo de 20 meses frente al dólar, aunque el rendimiento del JGB a 10 años escaló hasta el 2,388%, su récord en 27 años. El umbral de 160 yenes por dólar acecha; ahí el Boj ha intervenido antes y el mercado da un 70% de posibilidades a una subida de tipos en la próxima reunión.

Oro y plata: refugio que no falla
Mientras los mercados accionarios se desplomaban, el oro subió 116 dólares la onza y la plata se anotó un 2,74%. La guerra, la volatilidad bursátil y la retórica proteccionista entre Washington y Pekín alimentaron la demanda de activos sin riesgo de contraparte. Solo la fortaleza del dólar y la subida global de los bonos frenaron un avance aún mayor.
El resumen es brutal: más soldados, más misiles y más petróleo encarecido. El mundo vuelve a dividirse entre quienes cobran en dólares y quienes pagan en miedo. Y la próxima reunión de la Fed, dentro de 28 días, ya huele a pólvora antes que a café.
