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El litro de gasolina en reino unido ya cuesta más de 1,5 libras y el conflicto con irán no da tregua

El surtidor marca 150 peniques por litro y el bolsillo del británico gime. La gasolina ha tocado techo desde mediados de 2024 y el gasóleo se acerca a 178 peniques, un palo para transportistas, autónomos y cualquiera que necesite moverse para trabajar. La culpa no es del operador de turno: la factura se la mandan los misiles que cruzan el estrecho de Ormuz y los barcos que deciden no jugar a los dardos con un petrolero.

Brent a 110 dólares y ningún atajo seguro

Desde que estalló la guerra de Irán, el crudo Brent ha decidido vivir por encima de los 110 dólares. El transporte marítimo ya no calcula rutas: calcula riesgos. Cada buque que se desvía del Golfo encarece el barril y ese sobrecosto llega a la estación de servicio con nombre de pueblo y surtidor oxidado. Desde finales de febrero, la gasolina ha subido 17 peniques y el gasóleo 35. La aritmética es brutal: llenar un depósito medio ya cuesta ocho libras más que hace dos meses.

El gobierno cobra. El impuesto sobre los carburantes sube al alza porque se calcula sobre un porcentaje del precio final. Las petroleras niegan mangancia: dicen que sus márgenes se comprime y que el desabastecimiento puntual que se ve en algunas gasolineras viene de compras de pánico, no de ruptura de suministro. La realidad es que el camionero ya no mira el contador: mira el GPS para ver cuánto le queda hasta el próximo desvio caro.

Inflación que se autoalimenta

Inflación que se autoalimenta

El Banco de Inglaterra sueña con un IPC al 2 % y la bomba de gasolina se lo impide. Cada céntimo que sube el litro se transfiere al precio del pan, la leche y el libro que compras online. Los analistas avisan: la inflación podría quedarse por encima del objetivo todo 2026. El transportista pasa la factura al supermercado, el supermercado al cliente y el cliente, al final, vuelve a la gasolinera para quejarse de que todo sube menos su sueldo.

El mercado de coches eléctricos, mientras tanto, recibe llamadas que antes eran de televenta. Concesionarios que no conseguían colocar un utilitario de batería ahora tienen lista de espera. La transición energética deja de ser slogan y se convierte en calculadora: si el litro se va a 2 libras, el pago de la cuota del coche eléctrico empieza a cuadrar.

Reino Unido no tiene reservas estratégicas que paliar el golpe. Depende del mercado spot y del buen humor de los productores. Mientras Irán y sus rivales intercambian drones, Londres solo puede mirar el tablero y rezar porque algún carguero atraviese el Ormuz sin amago. La próxima factura que llegue al móvil del conductor no será un aviso de tráfico: será el recibo de una guerra que se paga a 150 peniques por litro.