El mercado se rompe en plena fiebre por la ia: récord en enero y caída libre en marzo

Wall Street engañó a medio planeta. El S&P 500 festejó un máximo histórico el 28 de enero y, dos meses después, acumula un -7 % en 2026. El Nasdaq ya está en corrección, el VIX —el termómetro del miedo— se dispara por encima de 30 y los bonos cotizan como si la Reserva Federal fuera a subir tipos en lugar de bajarlos. La trampa está servida: quien compró la historia de la inteligencia artificial, la tregua comercial y los tipos más baratos ahora revisa su cuenta y descubre que el optimismo costaba 500 dólares el onza de oro y 65 000 el bitcoin.

La lista de heridos crece por horas

La lista de heridos crece por horas

Los fondos de crédito privado empiezan a poner candados a los reembolsos. El petróleo no logra estabilizarse y el conflicto entre Washington y Teherán se convierte en la excusa perfecta para justificar cada caída. La realidad: los catalizadores que impulsaron el rally de 2023-2025 —gasto en IA, ganancias récord y dinero barato— han perdido fuelle. La inteligencia artificial ya no seduce; sustituye empleos y reduce márgenes de software. Los analistas que prometían recortes de tipos en 2026 ahora barajan una subida. El mercado descontaba fantasía y ha recibido factura.

Torsten Sløk, economista jefe de Apollo, avisa que la reacción es exagerada: «Estamos ante 4-6 semanas de volatilidad que pueden garantizar 50 años de estabilidad en el petróleo y las cadenas de suministro». Su receta: esperar que el crudo baje y que la inflación sea un espejismo temporal. Mientras tanto, Keith Lerner, jefe de inversiones de Truist Wealth, envía una nota a clientes que suena a orden: «Despliegue de caja medido». Traducción: compren aunque el alma se encoja.

La ironía lastra a los inversores. El buffetiano «sed codicioso cuando otros temen» se convierte en un mantra que nadie se atreve a corear en voz alta. El oro ha perdido 500 dólares desde su máximo, los internacionales vuelven a rezagar respecto a EE.UU. y la palabra «recuperación» se escribe entre comillas. Hasta que el petróleo no encuentre suelo, el mercado seguirá roto. Y nadie garantiza que el suelo no sea una trampa más.