El miedo se mete en el bolsillo de ee.uu.: la guerra de irán hunde la confianza del consumidor
El último suspiro de optimismo en EE.UU. se ahogó en gasolina a 4,5 dólares el galón. La guerra de Irán acaba de cumplir cuatro semanas y la Universidad de Michigan ya registra el mayor desplome de confianza desde diciembre de 2025: el índice se desplomó al 53,3 %, un -5,8 % en apenas treinta días. No es una simple cifra; es el termómetro del estado de ánimo que mueve el 70 % del PIB americano.
Lo que nadie cuenta es que dos tercios de las entrevistas se hicieron después del 28 de febrero, día en que Teherán cerró el paso por el estrecho de Ormuz y disparó el crudo hasta los 112 dólares. Imagínese el dato si todas las encuestas se hubieran realizado cuando el USS Eisenhower ya rondaba el Golfo Pérsico.
La factura llegará a cada gasolinera
Morgan Stanley ha hecho la cuenta: por cada dólar que sube el galón, el bolsino del conductor medio americano sufre un recargo anual de 450 $. Suponga 27 millas por galón y 12 000 millas al año; ahora multiplíquelo por 160 millones de coches. El resultado es un impuesto de guerra camuflado que se traga el ahorro y la confianza en el mismo trago.
La proyección de inflación para los próximos doce meses ya saltó al 3,8 %, cuatro décimas más que en febrero. Es la mayor escalada desde abril de 2025 y deja a la Reserva Federal entre la espada de subir tipos —y enfriar el empleo— y la pared de dejar que los precios escalemos.

El muro del estrecho de mandeb
Irán no solo juega con Ormuz. Amenaza ahora con cerrar el de Mandeb, el pasillo que une el Mar Rojo con el Golfo de Adén y por donde discurre otro 11 % del petróleo mundial. Si lo hace, el flujo diario de 18 millones de barriles se vería obligado a dar la vuelta al Cabo de Buena Esperanza: 15 días más de travesía, 2,5 millones de dólares más por buque. La factura final la pagará, otra vez, el consumidor.
En medio del caos, los analistas de BNP Paribas aún ven el vaso medio lleno: «EE.UU. es ahora el mayor productor mundial de crudo y exportador neto; su sensibilidad al petróleo ha bajado». Para que cambien su previsión de crecimiento, el Brent debería superar los 150 $. El mercado, sin embargo, ya descontó esa barrera el viernes pasado.
La moraleja es más simple que cualquier modelo macro: cuando las bombas caen cerca de los oleoductos, la incertidumbre sube de precio y la recuperación se queda en tierra de nadie. El consumidor americano lo ha entendido; su bolsillo ya está hablando. Y lo que dice no suena a tiburón de Wall Street: suena a recesión anticipada.