Greatland desentierra 70 mt de tungsteno y pone en jaque al monopolio chino
La compañía australiana Greatland acaba de declarar la existencia de 70 millones de toneladas de mineral con 0,35 % de óxido de tungsteno en O'Callaghans, un yacimiento a solo diez kilómetros de su planta de Telfer. La cifra convierte al proyecto en uno de los mayores activos de tungsteno fuera de china, Rusia y Corea del Norte, justo cuando Pekín restringe sus exportas y el precio del metal se dispara.
Un recurso que desequilibra el tablero de las materias críticas
El comunicado llega en el peor momento para los consumidores industriales. Desde enero, china —que controla el 80 % del suministro mundial— pasó de vender a comprar tungsteno. El giro obligó a EE. UU. y a la Unión Europea a buscar alternativas para abastecer sectores que no admiten sustitución: cabezales de perforación, turbinas de aviación y blindajes militares.
Greatland no solo encuentra cantidad; encuentra calidad. El 95 % del volumen cae en la categoría Indicated, respaldado por 71 000 m de perforación. Dentro de la misma roca esconden 207 000 t de cobre, 371 000 t de zinc y 182 000 t de plomo. Es decir, cuatro flujos de caja por el precio de un sólo túnel.

La ventaja de nacer al lado del procesador
La vieja regla de oro de la minería sigue vigente: cuanto más cerca del molino, más barato el camión. O'Callaghans dista 300 m de profundidad y 10 km de la infraestructura de Telfer: carreteras, energía, campamento y personal calificado. Greatland puede, si decide, alimentar la planta existente sin construir un nuevo complejo industrial. El ahorro en capital inicial se cuenta en cientos de millones.
El director general, Shaun Day, evita promesas rápidas. Su prioridad sigue siendo Telfer-Havieron, cuyo inventario ya alcanza 14,9 Moz de oro y 645 000 t de cobre. Pero admite que O'Callaghans es “una opción estratégica latente” en un mercado de tungsteno que sube día tras día.

El precio que lo cambia todo
El tonel métrico de óxido de tungsteno se ha revalorizado un 42 % en doce meses, hasta superar los 43 000 USD. Con 246 000 t contenidas, el valor bruto in situ del metal ronda los 10 600 millones de dólares, antes de costos y royalties. Ni siquiera la caída de los precios del cobre lastra el proyecto: el tungsteno ya paga la fiesta y el resto es plusvalía.
Greatland no necesita vender el activo. Puede asociarse, puede vender un porcentaje, puede esperar a que el spread entre oferta y demanda estalle. La clave es que, por primera vez en dos décadas, un actor no asiático tiene la llave de un depósito de clase mundial cuando los gobiernos occidentales pagan lo que haga falta por desconectar su cadena de suministro de Beijing.
El mensaje es brutal: hay tungsteno para rato, está en Australia y pertenece a una compañía que ya factura oro y cobre a pocos pasos. Los mineros chinos que ayer fijaban el precio hoy tendrán que pujar por lo que antes regalaban. Y Greatland, sin hacer ruido, acaba de colocar la guinda sobre un pastel que nadie había previsto.
