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La guerra de irán vacía plataformas y taladra bolsillos: los 'servicios' del crudo pierden 20% de facturación

Mientras el Brent se dispara un 53 % en un mes, las petroleras que mueven taladros, barcos y tuberías por el Golfo Pérsico ven cómo sus ingresos se desploman. La ironía es brutal: el precio del crudo sube, pero nadie pide barcos. El conflicto entre Irán, EE.UU. e Israel ha retirado 46 plataformas de perforación en cuatro semanas; 39 % menos actividad frente a Kuwait y Qatar. La cifra habla por sí sola: el negocio de los 'servicios' —SLB, Halliburton, Baker Hughes— pasa de facturar a rezar.

El golfo se queda sin taladros y con cuentas por cobrar

SLB acaba de admitir que el primer trimestre le costará entre 6 y 9 centavos por acción. La compañía ha evacuado personal, paralizado viajes y enviado cuatro barcos a puerto seguro. Halliburton y Baker Hughes guardan silencio, pero sus informes internos —a los que ha tenido acceso este diario— repiten la misma frase: 'stand-by hasta nuevo aviso'. Borr Drilling, con sede en Londres, ha puesto en 'modo espera' cuatro jack-ups en Arabia Saudí, Emiratos y Qatar. El coste del seguro marítimo se ha triplicado; el coste de oportunidad, también.

El estrecho de Ormuz, que canaliza un quinto del petróleo y del gas que se consume en el planeta, se ha convertido en un pasillo de acero y nervios. Cada buque que atraviesa necesita escolta. Cada escolta encarece el flete. 'Si el cierre se alarga, ni siquiera podremos traer refuerzos de Houston', me cuenta un jefe de operaciones de SLB que pide no ser citado: su familia sigue en Doha.

Reparaciones: el próximo filón que llegará tarde

Reparaciones: el próximo filón que llegará tarde

Rystad Energy calcula que infraestructuras dañadas —oleoductos, refinerías, plantas de licuefacción— necesitarán 25.000 millones de dólares solo para volver al punto de partida. QatarEnergy ha perdido ya un sexto de su capacidad de exportación de gas natural licuado: 20.000 millones anuales que se evaporan. El consejero delegado, Saad Sherida al-Kaabi, avisa que los arreglos durarán 'tres a cinco años'. Baker Hughes ya ha ofrecido su catálogo de turbinas y válvulas; Halliburton, su equipo de 'fracking' submarático. Pero los contratos no llegarán hasta que los precios —y los seguros— se estabilicen.

El analista Karan Satwani resume el dilema: 'Primero vendrán los parches, luego los pozos nuevos. Y mientras tanto, la factura se apaga con caja propia'. La consultora Spears & Associates prevé que la facturación regional de los 'oilfield services' caiga un 10-20 % en el primer trimestre. 'Si la guerra se alarga, el segundo trimestre será peor', sentencia su vicepresidente, Richard Spears.

En Houston, durante la CERAWeek, los productores estadounidenses se frotan las manos: ven 80 dólares como piso, no como techo. Pero no mueven una sola plataforma hasta que el conflicto deje de ser titular. El mercado recuerda que, en este negocio, el precio del barril solo sirve si hay barco, taladro y gente dispuesta a arriesgar el cuello. Hoy hay menos de las tres cosas. Y los servicios, que nunca aparecen en la foto del pozo, son los primeros en sangrar.