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La guerra en irán ya sacude los bolsillos de ee.uu. y el optimismo se desploma

El petróleo se dispara, la bolsa se tambalea y el ánimo del consumidor estadounidense se hunde. El Índice de Sentimiento de la Universidad de Michigan cerró marzo en 53,3 puntos, su nivel más bajo en tres meses y una caída del 5,8 % respecto a febrero. La culpa: el conflicto en Irán y su paso por el estrecho de Ormuz, que ha encarecido la gasolina más de un dólar en apenas treinta días.

El estrato hormuz: el cuello de botella que aprieta la economía

Desde el 17 de febrero hasta el 23 de marzo, dos tercios de las encuestas coincidieron con los bombardeos conjuntos de EE.UU. e Israel. El cierre del paso marítico disparó el crudo y, de inmediato, el precio en las estaciones de servicio. AAA certifica un repunte superior al dólar nacional en los últimos treinta días. El consumidor no solo lo siente al llenar el depósito: anticipa que la inflación anual trepará al 3,8 %, cuatro décimas más que en febrero y el mayor salto mensual desde los aranceles globales de Trump en abril de 2025.

La herida se agranda en las cuentas de las familias de ingresos medios y altos. Su riqueza está más expuesta a los vaivenes bursátiles: el S&P 500 ha cedido un 6,5 % en el último mes y el Dow Jones un 6,8 %. UBS recuerda que hoy las acciones representan cerca del 40 % del patrimonio neto de los hogares, el doble que durante los shocks petroleros de los 90. El resultado: el pesimismo es transversal, pero quienes más ganan son los que más sufren.

¿Y ahora qué? el mensaje de joanne hsu es claro

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La directora de la encuesta no se anda con rodeos: «Los consumidores reaccionarán no solo al shock geopolítico, sino a lo que ocurra en la Economía en general». Es decir, si el crudo se aquieta y la inflación no se propaga, el ánimo puede revertir. Pero mientras el estrecho siga cortado, el fantasma de la inflación persistente campa a sus anchas: las expectativas a largo plizo se quedan en el 3,2 %, lejos del rango del 2,3 % al 3 % previo a la pandemia.

En definitiva, el pulso entre Irán y el mercado de energía ya ha cruzado el océano. La próxima lectura del sentimiento llegará en abril. Si el petróleo no baja, la recuperación que vislumbraban los consumidores podría quedarse en el camino. Y con ella, el gasto que sostiene dos tercios de la Economía estadounidense.