La quiebra que confirma el colapso silencioso del vino en ee.uu.
El vino está perdiendo la guerra generacional. Pacific Rim Winemakers, conocida por sus rieslings de Columbia Valley, acaba de presentar protección por Capítulo 11 ante el Tribunal de Quiebras del Distrito Este de Nueva York, con activos y pasivos estimados entre 10 y 50 millones de dólares. No es un accidente aislado. Es la última ficha de un dominó que lleva años cayendo.
Un mercado que se encoge desde 2017
Los números no admiten eufemismos. El consumo mundial de vino cayó de 245 millones de hectolitros en 2017 a 214,2 millones en 2024, el nivel más bajo desde 1961, según datos de Gordon Brothers. En Estados Unidos, el panorama es igual de sombrío: caída proyectada del 7,2% en volumen y del 6,3% en ventas solo en 2024, cerrando así cuatro años consecutivos de descensos.
Lo que está ocurriendo no es una corrección de ciclo. Es una reconfiguración estructural del consumidor. Los millennials y la Generación Z no están bebiendo menos vino porque estén en una mala racha económica; es que directamente no lo están eligiendo. Y los baby boomers, que sostuvieron la industria durante décadas, están saliendo del mercado por razones biológicas que ninguna campaña de marketing puede revertir.

Pacific rim: una marca bien valorada que no pudo con la marea
Pacific Rim Winemakers, propiedad desde 2015 de la familia Mariani de Banfi Vintners, construyó su reputación sobre la filosofía de la Sweetology: rieslings que van del seco al dulce de postre, elaborados de forma sostenible en el Valle de Columbia, Washington. Wine Enthusiast calificaba la mayoría de sus vinos entre los high 80s y low 90s, y su cosecha 2021 recibió elogios por sus notas de lima, melocotón y jazmín. Calidad reconocida, pero insuficiente para sobrevivir a un mercado que se contrae.
La quiebra bajo el Capítulo 11 permite a la empresa seguir operando mientras reestructura sus deudas bajo supervisión judicial. El expediente lleva el número de caso 8-24-73763. Mientras tanto, sus líneas de producto —Pacific Rim, Rainstorm y Thick Skinned— continúan en las estanterías, al menos por ahora.
No es la primera ni será la última
La lista de bajas en la industria vinícola estadounidense se alarga con cada trimestre. Vintage Wine Estates se declaró en quiebra en julio de 2024 con más de 400 millones de dólares en pasivos. En febrero de 2026, lo hicieron Sran Vineyards y Aloria Vineyards. La industria acumula más de 1.000 millones de dólares en ingresos perdidos y una caída de producción de aproximadamente 6 millones de cajas solo el año pasado.
A esto se suma el encarecimiento de los insumos: vidrio, uvas y logística han presionado los márgenes hasta hacerlos insostenibles para las bodegas medianas, que no tienen ni el músculo financiero de las grandes ni la agilidad de las pequeñas boutique.
El mercado se parte en dos
El informe State of the U.S. Wine Industry 2026 de Silicon Valley Bank revela algo que los titulares suelen ignorar: no toda la industria está sufriendo por igual. Las bodegas del cuartil superior registraron un crecimiento en ventas del 8% y un ingreso operativo del 11,9%. Las del cuartil inferior, en cambio, vieron caer sus ventas un 10,2% con un margen operativo de -10,5%.
La diferencia no está en la calidad del vino. Está en quién entendió antes que las reglas del juego habían cambiado. Rob McMillan, fundador de la División Vitivinícola de Silicon Valley Bank en First Citizens Bank, lo dijo sin rodeos: