La soja se dispara 13 centavos y plantea un dilema: ¿demasiado campo, poco grano?

Los futuros de soja cerraron este martes con alzas de hasta 13½ ¢ en Chicago, empujados por una mezcla explosiva: plantaciones récord en EEUU y existencias mayores a lo esperado. La tensión entre oferta abundante y dudas sobre el clima empujó al contrato noviembre 26 hasta $11,57½ por bushel, mientras el precio físico nacional promedió $10,95, ocho centavos arriba en la jornada.

El detonante fue el informe Prospective Plantings del USDA: 84,7 millones de acres destinados a soja esta primavera, 3,5 millones más que hace un año. La cifra supera cualquier pronóstico de expansión previo, pero quedó 787.000 acres por debajo del consenso de analistas. El mercado leyó la señal al revés: menos hectáreas de lo previsto significa menos toneladas si el clima se pone bravo.

El inventario que nadie esperaba

El inventario que nadie esperaba

Mientras tanto, el Grains Stocks reveló que el 1 de marzo había 2.105 millones de bushels de soja en granos, 194 millones más que en 2024 y 38 millones por encima del sondeo Reuters. El dato refrescó la memoria de los operadores: hay soja para rato, pero está en silos, no en el campo. La harina subió $2,50 por tonelada y el aceite ganó hasta 41 puntos, arrastrados por la escalada del real brasileño que encarece las exportaciones sudamericanas.

La jugada quedó servida: los fondos reducen su posición corta ante el riesgo de sequía en el oeste de África que ya encarece el cacao y empieza a contagiar el complejo oleaginoso. El mayo 26 cerró en $11,71 y el julio en $11,86: dos niveles que, de perforarse al alza, activarían stops automáticos y podrían llevar al contrato a $12,20 antes de fin de mes.

En los pasillos de la Bolsa de Chicago se comenta que el productor estadounidense ya vendió apenas el 18 % de la cosecha 2024/25. Con el costo de producción rondando los $10,30 por bushel, cada centavo por encima de $11,50 es oxígeno para las cuentas de una agricultura que lleva tres años de márgenes apretados. El mensaje es implacable: sembrar más no garantiza ganar más. La soja necesita ahora un verido de lluvas en agosto o la historia se repetirá: exceso de oferta y precios que castigan al último que entró al baile.