La trampa del 'igualar impuestos': bajarles a los ricos costaría $860 000 m

Bajar la presión fiscal de los súper-ricos al nivel de la clase media dejaría al Tesoro con un agujero de 860 000 millones de dólares anuales, la friolera que ahora aporta el 1 % más acaudalado. La ironía: cuando la calle grita «que paguen lo mismo», desconoce que ya pagan más.

El 1 % ya paga el doble que tú

La estadística que estalla en redes —«el rico paga menos que su secretaria»— se derrite ante la frialdad de los datos del IRS. El contribuyente del 1 % superior declara un tipo efectivo del 26 % sobre rentas ordinarias tras deducciones. El 75 % restante se queda entre el 10 % y el 15 %. Igualar por abajo, como pide el eslogan, no recaudaría: vaciaría las arcas.

La trampa no es nueva, pero el ejercicio de ChatGPT —replicado por analistas de la Reserva Federal— pone cifras al disparate. Si se les baja a la fuerza al 15 %, la recaudación cae un 40 % del total del IRPF. O lo que es lo mismo: cada punto de déficit se trasladaría a la deuda pública o al recorte de servicios. Ni un centavo extra para sanidad o infraestructuras.

La guerra es otra: ganancias patrimoniales a 20 %

La guerra es otra: ganancias patrimoniales a 20 %

El verdadero filón no está en la nómina, sino en los dividendos y plusvalías que tributan al 20 % máximo. El ejecutivo de Silicon Valley que cobra 50 000 $ de salario y cinco millones en stock options paga el tipo mínimo sobre la mayor parte de su renta. Aquí reside el 1 billón de dólares que se escapa cada año, según la estimación conservadora del Tax Policy Center.

¿Solución? Emparejar el tratamiento de las rentas del capital con las del trabajo. La última propuesta de Biden —tributar plusvalías por encima de un millón como salarios— rozaba ese billón en ingresos adicionales en la próxima década. El Congreso la enterró en menos de 48 horas.

El secreto que callan los candidatos

Recurrir a la «equidad tributaria» suena electoralmente sexy; explicar que la subida hay que hacerla a las reglas del juego, no al porcentaje, ya despierta lobbies. Fondos buitre, familias patrimoniales y cotizadas han montado un arsenal de 2 650 páginas de exenciones que convierte el Código Fiscal en un laberinto solo apto para quien puede pagar asesores.

Mientras, el IRS admite que audita más a quienes ganan menos de 25 000 $ que a los que superan el millón. La razón: falta personal. El plan de Biden de añadir 87 000 inspectores sigue congelado; sin ellos, el fraude de capital se multiplica por diez.

El mensaje es brutal: igualar tipos sin tocar la arquitectura fiscal es un espejismo. El dinero real vuela por la ventana de las ganancias patrimoniales, los trust familiares y los paraísos domésticos tipo Delaware y Nevada. Ahí no llega ni la propaganda ni el slogan.

La próxima vez que escuchemos «que paguen lo mismo que yo», recordemos la cifra: 860 000 millones que ya entran porque el 1 % paga más, no menos. Si queremos que aporten aún más, la receta no es rebajarlos a nuestra liga, sino subir el campo de juego donde realmente marcan el gol: el capital. De lo contrario, seguiremos financiando al país con la nómina de la clase media mientras la bolsa de los ricos rueda impune a 20 %.