Musk avisa: la deuda de ee.uu. se come el presupuesto de defensa y solo la ia lo frena
Elon Musk no suele andarse con rodeos. En la cumbre All In dejó caer la frase que ahora retumban los despachos de Wall Street: “El gobierno es básicamente irreparable”. Lo dijo tras haber pilotado DOGE, el equipo que prometía recortar despilfarro federal y que, según su propia web, ha ‘ahorrado’ 214 000 millones de dólares. La cifra huele a contabilidad creativa, pero el mensaje es más claro que el cristal de un Tesla: la deuda nacional ya roza los 39 billones y los intereses que genera —1,22 billón este año fiscal— superan lo que Washington se gastará en defensa en 2027.
Musk resume el problema en una ecuación desnuda: si la inteligencia artificial y los robots no elevan la productividad antes que el déficit estalle, “estamos perdidos”. No habla por hablar. En febrero absorbió xAI dentro de SpaceX y ya prepara una OPV que valora el conjunto en 1,75 billones. Su apuesta: centros de datos orbitando la Tierra donde la energía solar sea gratis y el vacío espacial, refrigerador. La electricidad terrestre, dice, se quedará pequeña para alimentar a los gigantes de silicona que vendrán.
La espiral que ya nadie frena
Ray Dalio lleva años marcando el mismo punto rojo en los gráficos: un ‘death spiral’ de deuda donde cada dólar nuevo se pide solo para pagar intereses. El fondo Bridgewater calcula que, con el ritmo actual, EE.UU. tendrá que colocar 5,8 billones de deuda adicional solo para financiar el aumento del Pentágono hasta 2035. El truco, avisa, será imprimir. Y cuando la Reserva Federal compre esos bonos con tinta fresca, el dólar de hoy valdrá menos que el papel higiénico de mañana. En los setenta, 100 dólares compraban lo que hoy apenas alcanza con 12. El oro, en cambio, se ha revalorizado un 57 % en doce meses. Dalio no tiene dudas: “La gente tiene muy poco oro en la cartera”.
Musk, que ya vivió un episodio de hiperinflación en su natal Sudáfrica, aconsejó en 2022 lo mismo que ahora repite: “Mejor tener casas o acciones de empresas que productos de calidad que billetes verdes”. El índice S&P de precios de vivienda ha subido un 50 % en cinco años. El alquiler, además, se revisa al alza cada año, indexado al coste de la vida. Para quien no quiera comprar ladrillos enteros, plataformas como Mogul reparten trozos de casas con rentas mensuales y promesas de retorno del 18 % anual. Lightstone DIRECT lleva el mismo modelo a multifamiliar e industrial con un mínimo de 100 000 dólares y un IRR histórico del 27 %.

El empleo que se desvanece antes que el dinero
Mientras tanto, la otra cara de la IA empieza a sangrar. Block, la fintech de Jack Dorsey, despidió al 40 % de su plantilla argumentando que los algoritmos hacen el mismo trabajo. Citrini Research advierte que el próximo ajuste no será de obreros con casco, sino de analistas en corbata. Menos nóminas significa menos recaudación fiscal y menos gasto del consumidor. El círculo vicioso se cierra: menos ingresos, más déficit, más deuda, más intereses.
Warren Buffett, el veterano que ha visto cuatro ciclos de deuda, sigue repitiendo la receta más aburrida y eficaz: comprar el S&P 500 y olvidarse. Con apps como Acorns se puede empezar con el vuelto de cada tarjeta; con Robinhood se accede a fracciones de un dólar. El truco no es elegir el momento, sino no quedarse fuera. Porque si Musk y Dalio aciertan, el próximo crac no será de bolsa, será de confianza en el papel moneda. Y cuando eso ocurra, los que hayan cambiado billetes por activos reales —oro, techos, acciones— habrán ganado la partida antes de que el resto se entere de que el juego ya terminó.