Rio tinto se asegura a$2.000 millones para que su planta australiana respire hasta 2040
Rio Tinto acaba de sellar un pacto que le garantiza diez años más de vida a su fundidor Boyne, el segundo mayor productor de aluminio de Australia. El acuerdo le cuesta A$2.000 millones a los contribuyentes, pero a cambio la minera se compromete a invertir A$7.500 millones en renovables que alimenten la planta desde 2030.

El rescate llega justo cuando la luz se apagaba
Boyne, en funcionamiento desde 1982, produce más de 500.000 toneladas de aluminio al año y emplea a más de 1.000 personas en Gladstone, Queensland. Su contrato eléctrico expira en 2029 y la compañía había amenazado con cerrar si no lograba abaratar la factura energética y rebajar emisiones. El gobierno federal y el regional han decidido que el cierre no es opción: aportarán A$200 millones anuales durante una década para mantener los hornos encendidos.
La jugada, anunciada el 24 de marzo, convierte a Boyne en uno de los primeros fundidores del mundo en basar su operación íntegramente en solar y eólica. Jérôme Pécresse, director de Aluminio y Litio de Rio Tinto, lo resume: «Este acuerdo asegura la competitividad internacional de la planta y preserva la única cadena integrada de valor del aluminio en Australia, desde la bauxita hasta el lingote».
El plan no es solo una inyección de liquidez. La minera invertirá en parques solares, baterías y líneas de transmisión para que, en 2030, el 100% de la electricidad que consuma Boyne provenga de fuentes limpias. El objetivo: bajar la huella de carbono del aluminio australiano y mantener el precio competitivo cuando los combustibles fósiles se disparen.
Para los accionistas, el mensaje es doble. Por un lado, Rio Tinto refuerza su perfil verde sin desembolsar todo el capital: el Estado absorbe parte del riesgo. Por otro, la compañía conserva un activo estratégico en un momento en que la demanda de aluminio se dispara por el auge de vehículos eléctricos y paneles solares.
El mercado, eso sí, no se ha deslumbrado: el título cotiza plano desde el anuncio. Quizá porque A$2.000 millones de ayuda pública recuerdan que, sin subsidios, la fábrica ya no sería rentable. Lo cierto es que Gladstone seguirá oliendo a óxido de aluminio hasta 2040 y mil familias conservan su sueldo. El aluminio verde tiene precio, y ahora lo pagamos entre todos.
