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Trump negocia con el crudo en máximos: el petróleo se dispara mientras irán sigue batiendo barcos

El barril de crudo WTI para mayo tocó techo de tres semanas este jueves: +0,91 $ (+0,88 %) hasta 104,12 $. La gasolina RBOB le acompaña: +0,56 %. La causa no es un informe técnico ni un dato macro; es un presidente que habla en voz alta y un dron iraní que impacta en el casco de un petrolero kuwaití frente a Dubai. El Estrecho de Ormuz, pasillo del 20 % del petróleo mundial, sigue cerrado y el precio lo sabe.

Trump ofrece salida mientras iran aprieta el grifo

La Casa Blanca filtra que Donald Trump está dispuesto a dar por concluida la campaña militar contra Irán aunque el pasillo persico siga sellado. El plan: dejar a la marina iraní sin gasolina y sin misiles, luego pasar la patata caliente a Europa y a los socios del Golfo. Mientras tanto, la Fuerza Aérea saudí abre la base King Fahd a EE UU y los Emiratos cierran un hospital de propiedad iraní en Abu Dhabi. El mensaje es claro: el vecindazo está harto de los fuegos artificiales de Teherán.

La réplica iraní llegó en forma de dron contra el ‘Al-Kuwait’, cargado hasta las cejas de crudo. La explosión no hizo víctimas, pero dejó una mancha de 4 km en el agua y un punto de exclamación en los mercados: si cada barco puede ser blanco, el seguro se dispara y el tráfico se frena. Vortexa cuenta 290 millones de barriles rusos e iraníes a la deriva, 40 % más que hace un año. La cifra habla por sí sola: el mundo flota sobre inventario que no puede desembarcar.

La guerra invisible a los tanques

La guerra invisible a los tanques

La Agencia Internacional de Energía acaba de revisar a la baja el superávit global de 2026: 3,7 millones de barriles por día frente a los 3,81 Mb/d previos. El motivo: más de 40 instalaciones energéticas mediterráneas y del Golfo calificadas de «severamente dañadas». Traducción: cuando terminen los misiles, faltará tubería para bombar.

En paralelo, Ucrania sigue su guerra de desgaste contra la refinería rusa: 28 refinerías golpeadas en siete meses y seis petroleros atacados en el Báltico desde noviembre. El resultado: Rusia exporta menos y el crudo que sobra lo mete a los barcos-bodega. El círculo vicioso se cierra: menos oferta real, más almacenada, precio más alto.

Opec+ juega a la ruleta rusa

El 1 de marzo el cartel anunció un aumento de 206 000 barriles diarios para abril, por encima de los 137 000 previstos. El anuncio hoy suena a broma: Arabia, Kuwait o Irak no pueden ni llevar el crudo a puerto. La producción total de la OPEC ya bajó un 6 % en el Golfo y los tanques de almacenamiento están al 95 %. Subir el cupo cuando cierras el grifo es como abrir más la llave del lavabo con el desagüe tapado.

En Texas, la respuesta tarda. El número de torres activas cayó a 409, cerca del mínio de los últimos cuatro años. La producción de EE UU bajó otro 0,1 % hasta 13,657 millones de barriles, lejos del récord de 13,86 Mb/d de noviembre. La gran fábrica de crudo del mundo se queda corta justo cuando el planeta más lo necesita.

El inventario que no alivia

El informe semanal de la EIA muestra unas reservas de crudo apenas un 0,6 % por encima la media quinquenal. Gasolina: +3,3 %. Destilados: -0,6 %. Traducción: hay gasolina de sobra en los depósitos, pero el diésel para camiones y tractores apunta a escasez estival. El mensaje es doble: el mercado descuenta un verano caliente y un invierno peor si el Estrecho no se reabre.

Los hedge funds ya han empezado a cubrirse: posiciones alcistas en WTI al máximo desde octubre. El dinero institucional no apuesta a que la paz llegue; apuesta a que el barril se dispare antes de que llegue. La lógica es fría: si Trump negocia y falla, el precio explota; si negocia y acuerda, el precio también sube porque habrá que reconstruir Irán. El riesgo está en la mesa, y la mesa es el petróleo.

El crudo ya no habla en dólares; habla en bombas, barcos cerrados y bases aéreas. Mientras tanto, el conductor europeo paga 1,62 € el litro y la compañía aérea revisa al alza sus hedges de kerosene. El precio del petróleo es, hoy, la fotografía de un mundo que no logra abrir un pasillo sin romper otro. Y la factura llegará a todos los hogares antes de que el Estrecho de Ormuz vuelva a respirar.