Windsor se desangra: la guerra de trump por el usmca deja cicatrices en cada negocio
Windsor amaneció con el puente de Ambassador semivacío y los talleres de autopartes reduciendo turnos. FASTSIGNS, la empresa que pone letreros a fábricas y concesionarios, acaba de cerrar su peor ejercicio desde la pandemia: pedidos en picado, clientes que exigen 90 días para pagar y contratos que se reducen a la mitad. La culpa no es del coronavirus. Es la incertidumbre sobre el USMCA, el tratado que saca a Canadá del limbo arancelario y que Donald Trump amenaza con romper cada semana.
El pulso que paraliza una ciudad
En Windsor, el 90 % de las exportaciones cruzan la frontera con Detroit. Fabricar una sola pieza puede implicar hasta ocho viajes de camión ida y vuelta. Por eso, cuando Trump habla de aranceles al acero o al aluminio, aquí se deja de contratar antes de que el anuncio llegue a Ottawa. La región manufacturera concentra un cuarto de todos los empleos y vive al ritmo de la cadena de montaje de Stellantis. En junio pasado, el desempleo rozó el 11 %, récord nacional. Ahora baja al 8,6 %, pero sigue siendo la herida más abierta del país.
Jackie Raymond, copropietaria de FASTSIGN, lo resume sin anestesia: «Si el USMCA se resquebraja, la crisis llega hasta la peluquería de la esquina». La frase no es exagerada. El año pasado, el PIB regional se contrajo un 0,6 % en el último trimestre y las ventas de casas cayeron un 15 % en febrero, el doble que la media canadiense. Brent Klundert, promotor de BK Cornerstone, despide a 13 de sus 21 empleados; solo ha recuperado 10 y los compradores siguen escondidos. «Nadie firma una hipoteca cuando no sabe si tendrá trabajo en seis meses», dice mientras apunta la gráfica de precios medios a la baja.

El reloj de ottawa y la paciencia de trump
México ya sentó a sus negociadores; tienen hasta el 1 de julio para renovar el tratado. Canadá apenas ha cruzado correos formales. Jamieson Greer, el representante comercial de Washington, califica las conversaciones de «desafiantes». En Windsor, la palabra se traduce como «parón de inversiones». La cámara de comercio calcula que 750 empresas con 40 000 trabajadores han congelado proyectos, aplazado producción o recortado plantilla cada vez que Trump tuitea la palabra tariff.
Lido Zuccato, responsable de Formación Profesional en St. Clair College, canceló un curso de manufactura para este otoño: «Los jóvenes no quieren apostar su futuro a una industria que puede quedarse sin mercado mañana». La ironía es que Stellantis acaba de abrir un tercer turno y LG Energy levanta una gigafactoría de baterías. La nueva plantilla, sin embargo, llega con contratos temporales y la condición de que el USMCA sobreviva.
En la calle Ouellette, la principal, los locales de comida rápida notan que los obrinos de la primera hora desayunan menos y más barato. Ryan Donally, presidente de la cámara, cruza el puente cada martes para ver a sus proveedores en Detroit. «Si Trump rompe el tratado, Windsor dejaría de existir como la conocemos». Ni siquiera la radio local se atreve a pronosticar el final: sigue emitiendo la señal de Detroit, donde los Tigres juegan su temporada y los anuncios siguen hablando de dólares, no de pesos canadienses.
