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Legado familiar: cómo evitar el impuesto que acecha a los nietos

El deseo de asegurar el futuro financiero de los nietos es común entre los jubilados. Pero “el tío Sam”, como cariñosamente llaman en Estados Unidos al gobierno, suele meterse en esos planes con un impuesto que puede mermar la herencia: el Impuesto a la Transferencia Intergeneracional (GSTT). Entender cómo funciona y cómo mitigarlo es clave para proteger ese legado.

El gstt: una trampa fiscal para las nuevas generaciones

En esencia, el GSTT es un impuesto federal que se aplica a las transferencias de activos a personas que están a más de una generación por debajo del donante. La definición de “una generación” se basa en una diferencia de edad de más de 37,5 años entre el transferente y el beneficiario. La tasa impositiva actual, que se alinea con los tipos de impuestos sobre donaciones y sucesiones, se situará en un 20% en 2026. Y lo peor es que se suma a cualquier otro impuesto aplicable sobre donaciones o sucesiones, lo que multiplica el impacto.

Pero, ¿cómo pueden los jubilados sortear esta trampa y asegurar que sus nietos reciban la mayor parte posible de su patrimonio? La respuesta, aunque compleja, reside en una herramienta de planificación patrimonial: el fideicomiso intergeneracional (GST).

El fideicomiso intergeneracional: un escudo fiscal y de protección

El fideicomiso intergeneracional: un escudo fiscal y de protección

Un GST no es una panacea, pero ofrece ventajas significativas. Evita la doble imposición que se produce cuando los padres transmiten activos a sus hijos, quienes a su vez los transmiten a sus nietos. El fideicomiso intergeneracional rompe esa cadena impositiva. Además, proporciona un escudo contra acreedores, divorcios y demandas, protegiendo los activos de riesgos externos.

Lo que nadie cuenta es la capacidad de control que otorga un GST. Permite establecer términos detallados sobre cómo se gestionarán y distribuirán los activos, restringiendo las distribuciones a fines específicos como educación, salud o la compra de vivienda, por ejemplo. Y, sorprendente, no excluye completamente a los hijos del reparto. Se puede configurar el fideicomiso para distribuir ingresos a los hijos, manteniendo el capital intacto para los nietos y, crucialmente, evitando que este capital se incluya en su patrimonio, lo que a su vez reduce la exposición a futuros impuestos sobre sucesiones.

Sin embargo, hay un detalle importante: los GSTs son irrevocables. Una vez establecidos, no pueden modificarse ni revocarse, lo que exige una planificación meticulosa con el asesoramiento de profesionales del derecho patrimonial. Tampoco eliminan por completo los impuestos si el patrimonio total supera la exención federal de 11,7 millones de dólares (en 2026), en cuyo caso el GSTT seguirá aplicándose.

En definitiva, aunque su complejidad puede resultar desalentadora, el fideicomiso intergeneracional es una herramienta poderosa para aquellos que buscan construir un legado financiero duradero para sus nietos o bisnietos, protegiéndolo de las garras del GSTT y de las vicisitudes de la vida. La clave está en la anticipación y la asesoría experta.