Abrams apuesta fuerte por loar y luego recorta: ¿por qué?
David Abrams, el hombre que convierte silencios en dinero, acaba de hacer algo que Wall Street no perdona: comprar 38 millones de acciones de Loar Holdings en el segundo trimestre de 2024… y vender 6 millones exactamente un año después. La firma sigue siendo su mayor posición, pero el recorte del 14 % enciende una señal de alarma que nadie quiere ignorar.
La máquina de comprar ‘chapas’ del aeroespacial
Loar no fabrica aviones; fabrica el ADN que los mantiene en el aire: componentes de fuselaje, anti-hielo, sistemas de frenado, composites de última milla. Su truco es adquirir talleres especializados —LMB Fans & Motors y Harper Engineering en los últimos meses—, eliminar la grasa y elevar los márgenes hasta el 40 % de EBITDA ajustado. La meta de ventas para 2026 ya subió a 640 millones de dólares solo por esas dos operaciones.
La pregunta que cruza los pasillos de Abrams Capital es si ese ritmo de ‘roll-up’ puede sostenerse sin tropezar con el control de precios del Departamento de Defensa o con la inflación de titanio y composites. El fondo no lo dice, pero el corte de participación habla por él: se queda con el 70 % de la torta, pero deja la mesa antes de que llegue la cuenta.

El riesno que no aparece en los slides
Loar factura 85 % de sus ingresos en dólares y fabrica 90 % de sus piezas en Estados Unidos. Suena a victoria en época de near-shoring, hasta que se mira el pasivo: 1 200 millones de deuda neta frente a 650 millones de capitalización. Cada punto de subida en la tasa de referencia le cuesta 12 millones anuales. La FAA también acelera certificaciones, pero exige trazabilidad absoluta; un solo lote defectuoso puede liquidar un trimestre de beneficios.
La apuesta de Abrams sigue viva: 32 millones de acciones valen hoy 1 800 millones de dólares. Pero la reducción es un guiño a los inversores más nerviosos: el upside puede ser real, pero el downside ya no es una teoría. La última vez que un fondo ‘value’ recortó así antes de una corrección, el título se partió a la mitad en seis meses. Loar puede seguir subiendo, pero el margen de error se redujo al grosor de una lámina de composite.