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Altas rentabilidades: ¿un regalo peligroso o la clave del futuro?

Olvídese de la promesa fácil de dobles ahorros para la jubilación. La búsqueda de rendimientos elevados en el mercado actual implica asumir riesgos que van más allá del clásico vaivén bursátil. La pregunta no es si se puede obtener un 10% o más, sino a qué precio.

La trampa de las rentas altas: crédito y complejidad

La trampa de las rentas altas: crédito y complejidad

Durante la tormenta de 2022, muchos inversores dieron por muertos los bonos. Error. El universo de la renta fija es vastísimo y ofrece opciones para aquellos dispuestos a entender lo que compran. Pero la rentabilidad, como en todo, tiene su lado oscuro. Los productos que prometen dobles dígitos rara vez son gratuitos. Lo que se deja de lado, en muchos casos, es la gestión activa, la diversificación y, sobre todo, la comprensión del riesgo crediticio subyacente. En lugar de depender de estrategias de 'covered calls', que pueden dar resultados impredecibles, existen alternativas que exigen un análisis más profundo.

Dos ETFs, BIZD y XCCC, se presentan como ejemplos de esta búsqueda de rentabilidad. El primero, BIZD, apuesta por el crédito privado a través de Business Development Companies (BDCs). La idea es atractiva: acceso a préstamos a empresas medianas, sin la pesada carga fiscal que afecta a las empresas tradicionales. El problema es la complejidad. Las BDCs, a menudo gestionadas externamente, acumulan comisiones en cascada que terminan impactando en la rentabilidad final. La cifra de gastos del 12.86% inicial resulta engañosa; gran parte de ella proviene de estas comisiones internas, aunque la gestión directa de VanEck se limita a un 0.40%. Y, como bien demuestra la caída del 10.27% en lo que va de año, este tipo de inversiones son sensibles a las condiciones del mercado crediticio.

Por otro lado, XCCC se sumerge en las profundidades del mercado de bonos 'junk', aquellos con calificación CCC o inferior. La lógica es simple: cuanto mayor es el riesgo de impago, mayor es la rentabilidad que exige el mercado. El truco está en que, mientras los impagos se mantengan contenidos, los rendimientos pueden ser jugosos, como el 11.23% actual. Pero, y aquí está el asterisco, un pequeño cambio en el sentimiento del mercado puede desencadenar una cascada de impagos y hundir la inversión. Además, la renta de estos bonos no es eficiente desde el punto de vista fiscal, restando valor en cuentas sujetas a impuestos.

Pero no todo está perdido. La clave está en la diligencia debida. Entender dónde se invierte, qué riesgos se asumen y cómo se calcula la rentabilidad real es fundamental. La promesa de dobles dígitos puede ser tentadora, pero la realidad es que no existen atajos en el mundo de las inversiones.

Lo que nadie cuenta es que la simple adopción de un hábito, como ahorrar de forma consistente, puede multiplicar los ahorros para la jubilación. Un estudio reciente reveló que las personas que desarrollan este hábito tienen más del doble de ahorros que las que no. A veces, la solución más efectiva es la más sencilla. La disciplina, al final, supera a la especulación.

La lección es clara: la búsqueda de rentabilidades elevadas no debe convertirse en una apuesta ciega. El conocimiento y la prudencia son las mejores defensas contra la ilusión de lo fácil. En un mercado que se complica cada vez más, la inversión inteligente, no la más llamativa, sigue siendo el camino más seguro hacia la prosperidad.