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Amd se tambalea: wall street duda de su auge y arm entra al ring de la ia

El castillo de naipes de Advanced Micro Devices empieza a crujir. Bernstein acaba de tirar del primer palo: Stacy Rasgon advierte que buena parte del ‘rush’ por los chips de Lisa Su no nace de amor genuino, sino de desesperación por la escasez de Nvidia. Traducción: cuando el suministro se normalice, los precios —y las cuentas— podrían desinflarse como un globo pinchado.

El precio objetivo que ya parece un techo

Rasgon repite ‘hold’ y clava el listón en 235 $, apenas 7 % arriba del cierre del viernes. Lo gordo es que ese mismo día el título cotizaba por debajo del más bajo de los 55 objetivos que recopila CNN: 220 $ de DA Davidson. O lo que es lo mismo: ni los osos más feroz logran justificar el castigo actual. El consenso, sin embargo, sigue viendo un 46 % de upside. La grieta entre números y sentimiento nunca había sido tan visible.

El problema no es solo macro. ARM Holdings acaba de anunciar que diseñará sus propios chips de IA para ‘agentic AI’, el siguiente salto tras los LLM. La juguela británica no fabricará, pero licenciará diseños que competirán cara a cara con la gama Instinct de amd. Un rival más en una mesa que ya estaba llena de dientes: Broadcom y Nvidia siguen ganando cuota en datacenter mientras Su intenta convencer a los hiperscalers de que su MI300X es la alternativa barata.

Cramer canta victoria, el mercado pide pruebas

Cramer canta victoria, el mercado pide pruebas

Jim Cramer grita desde CNBC que Lisa Su «sigue ganando». La realidad es que el ADR lleva un –18 % en lo que va de año y el free cash flow guidance para 2025 acaba de recortarse 400 millones. El efectito Cramer funciona en Twitter, no en la hoja de ruta de los CFOs.

¿El resquicio? El datacenter todavía representa solo el 28 % de los ingresos totales. Si amd logra que ese segmento pase al 40 % dentro de dos ejercicios, el múltiple actual (22x FCF 2026E) parece regalo. Pero ese ‘si’ pesa tanto como el propio chip de 3 nm que TSMC aún no ha validado al 100 %.

La conclusión es brutal y simple: el mercado premia la certeza y castiga la promesa. Hasta que los números no hablen más fuerte que los keynotes, AMD seguirá siendo el valor que todos quieren amar y nadie se atreve a abrazar del todo. Y mientras tanto, ARM ya calienta motores en la siguiente curva.