Apple ya no es intocable: amazon y meta acechan su corona en la carrera por el billón

Apple cerró ayer en 248,80 dólares y respira con el pecho más hinchado del planeta: 3,7 billones de valor. Pero la pomada ya no le brilla igual. Dos veteranos del grupo de los siete magnates, Amazon y Meta, han apretado el acelerador de la inteligencia artificial y podrían superar la capitalización de la manzana antes de que el calendario marque 2035.

La apuesta no es una quimera de analista aburrido. Los números ya cantan. Amazon facturó casi 60 000 millones solo en publicidad el año pasado, un negocio que hace una década era un apéndice. La nube de AWS, que ya da cuenta del 16 % del total de ingresos, engorda con cada petición de procesamiento que las empresas le lanzan para entrenar sus modelos de IA. Meta, por su parte, duplicó el beneficio por acción en 2023 y su margen brucea roza el 82 %, un nivel que ni Apple alcanza en sus mejores sueños.

Cómo amazon puede sumar un billón en diez años

El secreto no está en vender más cajas de envío, sino en cobrar por cada teraflop que las compañías consumen en sus chips. Cuanto más potente sea la red de data centers que despliega Bezos, más se encarece el ticket medio y más se diluye la dependencia del comercio electrónico, segmento que aún arrastra márgenes de supermercado. El mercado lo ha entendido: pese al castigo del -3,95 % de ayer, la cotización se mantiene a menos de 25 veces beneficios futuros, un descuento respecto a los 30 de Apple.

La publicidad, además, se comporta como un seguro de vida. Cada dólar que invierte una marca en la plataforma deviene en datos; los datos alimentan los algoritmos y los algoritmos devuelven campañas más caras. Es un bucle que crece solo y que ya genera tres veces los ingresos por streaming de Netflix.

Meta apuesta todo al diseño del dopamina 2.0

Meta apuesta todo al diseño del dopamina 2.0

Mientras Zuckerberg abandona el fantasma del metaverso, sus ingenieros convierten la dopamina en producto financiero. La IA selecciona el post que te engancha, calcula cuánto puede sangrarte un anunciante y fija el precio del espacio en milisegundos. El resultado: un crecimiento del 73 % en el beneficio por acción con una plantilla que apenas ha crecido un 1 %.

La segunda fuente viene de los wearables. Las gafas de Ray-Ban que graban y traducen en tiempo real son el primer paso para que Meta deje de depender de la publicidad cíclica. Si logra que unos cuantos millones de personas paguen una suscripción por consultar a su asistente sin pulsar el móvil, habrá diversificado el modelo y justificado un múltiplo más generoso.

Con 1,3 billones de capitalización, Meta necesita multiplicarse por 2,8. Amazon, con 2,1, debe escalar 1,7 veces. Ambas cifras parecen descomunales hasta que se recuerda que hace diez años Apple valía diez veces menos. El mercado no regala rosas, pero tampoco pone techo a quien convierte la innovación en flujo de caja.

La próxima década será una guerra de márgenes, no de productos deslumbrantes. Apple sigue vendiendo hardware con un margen del 47 %, pero le cuesta encontrar un nuevo motor que no sea el recambio de móviles cada tres años. Amazon y Meta, en cambio, han convertido la IA en un impuesto sobre la productividad ajena: cobran cada vez que alguien else quiere pensar más rápido. Y eso, en la bolsa, se traduce en billones.