Berkshire encadena siete caídas y abel ya apuesta su sueldo a que toca fondo
Las acciones de Berkshire Hathaway cerraron en $475,66 el 26 de marzo, su séptimo día consecutivo en rojo. El -3,33% acumulado desde el inicio del goteo deja al holding fuera del rally del S&P 500 y convierte la traspie en la primera gran prueba de fuego para Greg Abel, CEO desde enero.
El motivo no es la jubilación de buffett, sino el diesel
BNSF, la locomotora de carga que Berkshire heredó en 2010, consume cada día 3,8 millones de litros de gasóleo. Con el crudo por encima de los $90, cada centavo de subida en el combustible le resta $40 millones anuales de margen. El efecto se propaga: los precios de transporte suben, el consumidor recorta y las marcas de Kellogg’s, Duracell o Dairy Queen que llenan la cartera de la compañía terminan vendiendo menos.
La aseguradora, otra pata clave, aportó el dato más duro del cuarto trimestre: las ganancias por suscripción cayeron un 54% interanual hasta $1,56 mil millones. La bonanza de 2024 —año de menos desastres naturales y primas altas— no se repetirá, advierten los analistas. El resultado operativo global del grupo se desplomó un 30% en el trimestre, hasta los $10,2 mil millones.

Abel responde con su bolsillo
El 4 de marzo la empresa retomó los buybacks por primera vez desde mayo de 2024. Dos semanas después Abel desveló que había comprado $15,3 millones en acciones propias con su sueldo neto. Prometió repetir la operación cada año que permanezca al frente. El mensaje es claro: «Si el mercado nos marca por debajo del valor intrínseco, yo pongo la cara y el dinero».
El gesto tiene eco. El 52 % del free-float de Berkshire lo tienen gestores indexales que no suelen mimar a los directivos; ver al nuevo CEO comprar en caída recuerda a su predecesor. Pero la prueba de fuego llegará en el primer semestre de 2026, cuando Abel deba decidir si desempolva parte del fajo de $373 300 millones en T-bills que duermen en la hoja de balance. El dinero ya genera un 4% anual sin mover un dedo; moverlo requerirá encontrar activos que rindan más con riesgo razonable, algo que el propio Buffett no logró en los últimos cinco años.
Wall Street ya apriega: el título cotiza a 1,3 veces el valor contable, la valoración más baja desde la pandemia. Si Abel logra frenar la sangría, la prima de riesgo «Buffett» puede convertirse en la «Abel». Si falla, la pregunta ya no será quién sucede al Oráculo, sino por qué nadie quiso comprar cuando el hombre nuevo ya había puesto su sueldo en la mesa.
