Bitcoin despierta de su pesadilla y salta a 67.800 $ mientras el petróleo y el oro rugen por oriente medio
Bitcoin ha resucitado esta madrugada. Tras tocar los 64.971 $ anoche —su peor récord desde que Irán entró en guerra el 28 de febrero—, la criptomoneda ha rebotado con una venganza del +1,6 % y ya cotiza por encima de los 67.800 $. El pulso se produce cuando el conflicto en Oriente Medio empuja al petróleo y al oro al alza, mientras la rentabilidad del Tesoro a 10 años se relaja hasta el 4,37 %.
La estampida del domingo duró pocas horas. Los mineros no han perdido el ritmo: TeraWulf (WULF) y Hut 8 (HUT) dibujan bases técnicas que los chartistas llaman «acumulación silenciosa». WULF se agarra a su media de 10 semanas; HUT parece tallar un suelo dentro de la consolidación. En el premarket ambas suben más de un 2 %, igual que Circle Internet Group y CleanSpark, que lideran el rebote con avances cercanos al 3,5 %.

Cathie wood vacía parte del barco antes del temporal
Pero no todos creen en la remontada. El viernes, Cathie Wood vendió 37.876 acciones de Bullish por 1,3 millones de dólares. ARK Invest lleva días desembarazándose de posiciones pesadas y acumulando liquidez, como quien se aparta de la cornisa antes de la tormenta. Su gestora no ha justificado la operación, pero el mercado interpreta la retirada como una cobertura ante la volatilidad geopolítica.
El contraste es brutal. Mientras Kalshi, la plataforma de predicción, da un 67 % de probabilidades a que Bitcoin caiga por debajo de 55.000 $ este año y un 49 % a perforar 45.000 $, la moneda acumula un +5,9 % en el último mes. Aún así, dista años luz de su récord de octubre, cuando rozó los 126.200 $.
La lección es clara: el activo que prometía desconectar del mundo se mueve al ritmo de los misiles y los pozos de petróleo. Mientras los inversores repasan listas de vigilancia y reducen la exposición al 0-20 %, Bitcoin demuestra que su correlación con el miedo global es más alta que su propio hashrate. El rebote de esta madrugada no es un síntoma de salud; es el reflejo de un mercado que respira con la misma ansiedad que el resto del planeta.