Bitcoin se tambalea: 171 millones huyen de los etfs en un solo día
Wall Street acaba de dar un paso atrás. El jueves, los inversores arrancaron 171 millones de dólares de los fondos spot de bitcoin, el mayor sangrado en tres semanas. La estampida arrastra al precio por debajo de los 67.000 dólares y enciende las alarmas de corto plazo.
El sello de la retirada fue BlackRock. Su IBIT perdió 41,9 millones, seguido de cerca por los productos de Fidelity, Bitwise y Ark Invest, que se desinflaron más de 30 millones cada uno. El mensaje es claro: el dinero rápido se va antes que el rendimiento de los bonos le gane la partida al bitcoin.
¿Lo peor? La rentabilidad del Tesoro a 10 años escaló 45 puntos básicos en dos semanas y roza el 4,4 %. Cada subida ahoga al cripto porque los bonos le disputan el capital sin darle tregua. El umbral del 4,5 % ya provocó intervenciones políticas; si se perfora el 5 %, la fuga puede convertirse en avalancha.

Los grandes fondos aún no se han ido
Pero hay una grieta por donde entra la luz. Bernstein asegura que el suelo ya está dibujado: 150.000 dólares para 2026. Su informe, filtrado a Bloomberg, sostiene que el mercado dejó de ser un casino de minoristas; ahora lo sostienen ETFs, tesorerías corporativas y estructuras financieras que no se asustan con un -10 % en la pantalla.
La prueba está en la ausencia de liquidaciones en cascada. Bitcoin cae, sí, pero los exchanges no registran los apagones de apalancamiento que hace dos años hubieran llevado el precio a 30.000 en cuestión de horas. El dinero institucional entra por el ascensor y sale por la escalera; no salta por la ventana.
El analista Victor Olanrewaju, de CCN, reduce el drama a números: 65.071 dólares es el siguiente soporte. Si se rompe, el 20 % de los mineros entrará en pérdida y venderán para pagar la luz. Pero una recuperación sobre los 70.058 dólares —la media móvil de 20 días— abriría la puerta a los 75.304 dólares, donde los cortos comenzarían a sangrar.
Mientras el Estrecho de Ormuz siga cerrado y el crudo se mantenga en ascenso, la inflación y los rendimientos tendrán oxígeno. Bitcoin, entonces, seguirá bailando al son de la deuda soberana. La partida no ha terminado; solo ha cambiado de sala.
