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Boston scientific se desploma un 33%: la ganga que el mercado no ve

Boston Scientific ha perdido un tercio de su valor en cuatro meses. Un único día, el 30 de marzo, la acción se hundió un 9%. Para una firma acostumbrada a crecer a doble dígito, la sacudida huele a pánico. Pero también a oportunidad.

El detonante: un cateter que no convence del todo

El ensayo CHAMPION-AF certificó que el dispositivo Watchman FLX reduce el riesgo de accidente cerebrovascular, pero apenas un punto por encima de los anticoagulantes orales. Raymond James no perdonó: recortó la recomendación y recortó el precio objetivo de 97 a 88 dólares. El mercado, hipernervioso, vendió a mansalva.

El problema no es solo un estudio. En el cuarto trimestre el segmento de electrofisiología se quedó en 890 millones cuando los analistas esperaban 933. La guía del primer trimestre de 2026 también decepcionó. Y la FDA acaba de retirar del mercado 1,6 millones de marcapasos Accolade por fallos de batería. A eso súmele la compra de Penumbra por 14.500 millones, que restará de 6 a 8 centavos al beneficio por acción el primer año. Cuando dos motores de crecimiento —Watchman y electrofisiología— se apagan al mismo tiempo, el castigo es inmediato.

Las cuentas, aun así, resisten

Las cuentas, aun así, resisten

Boston Scientific crece un 16,6 % anual desde 2022; Medtronic, un 4,9 %; Abbott, un 0,7 %. El margen operativo, 19,8 %, supera al de sus rivales. La deuda sobre capital es solo del 11,1 %, la mitad que la de Medtronic. La única grieta: el efectivo representa un 4,5 % del balance, por eso los titulares negativos estallan con tanta facilidad.

La acción cotiza a 18,1 veces beneficios futuros, lejos del promedio de 26,5 veces de los últimos tres años. Volver al múltiple histórico significa un precio de 87 dólares, 40 % por encima del cierre del viernes. Abbott y Medtronic, que crecen cuatro veces menos, ya se negocian en paridad. La desconexión es brutal.

El catalizador está en la pipeline

El catalizador está en la pipeline

El potencial rebote depende de tres frentes. Primero: que Boston convence a las sociedades de cardiología para incluir Watchman como alternativa prioritiva a los anticoagulantes. Segundo: que el ensayo AVANT GUARD expanda el uso de FARAPULSE en fibrilación persistente. Tercero: que la integración de Penumbra empiece a sumar en lugar de restar antes de 2027.

Los riesgos son tangibles. La electrofisiología puede estabilizarse en crecimientos de un dígito bajo y entonces el 18× ya no parece barato. El retiro de marcapasos puede erosionar cuota de mercado. Y la dilución de Penumbra puede alargarse si los costes se disparan o las sinergias tardan.

El margen de maniobra, sin embargo, es holgado. El flujo operativo anual ronda los 4.500 millones. Incluso si los litigios por el recall alcanzan los 500 millones, el impacto sería absorbible en cinco años. La pregunta no es si la compañía puede pagar, sino cuánto tiempo los médicos tardarán en confiar de nuevo.

La apuesta final

A estos precios, Boston Scientific ofrece el crecimiento de una start-up con el balance de un gigante médico. La volatilidad seguirá hasta que los próximos informes demuestren que el frenazo es temporal. Quien aguante el chaparrón puede hacerse con un activo que cotiza como si fuera Abbott, pero que crece como si fuera un fondo de capital riesgo. El mercado confunde ruido con señal. La señal es la cifra: 40 % de revalorización si todo vuelve a la normalidad. El reloj corre. Y la sangre no negocia.