Buffett cede el mando y amazon entra en berkshire: la apuesta que nadie vio venir
Warren Buffett juraba que no tocaría una «tecnológica» ni con un palo. Luego llegó el 13F de noviembre de 2025 y la broma se le volvió contra sí: Berkshire Hathaway conserva 10 millones de acciones de Amazon sin haber vendido ni una. Lo que parece una victoria es, en realidad, la confesión póstuma de un error que él mismo resume en una sola palabra: «idiota».
La mano que firmó la orden no fue la suya
El oráculo de Omaha nunca pulsó el botón. La compra la ejecutó uno de sus lugartenientes, Todd Combs o Ted Weschler, los dos gestores que manejan líneas de fuego por valor de 15 000 millones cada uno dentro del conglomerado. Buffett lo ha admitido en varias reuniones de accionistas: «Fue idea de ellos, pero me encanta». Traducción: el error de no haber comprado antes duele más que el orgullo de no haberlo hecho.
El timing tampoco fue casual. Berkshire irrumpió en AMZN en 2019, cuando la acción cotizaba a 25 veores beneficios futuros y AWS ya facturaba 35 000 millones. Un punto de entrada que, para los cánones value, olía a sobrevaloración, pero que para los gestores internos olía a activo imprescindible.

Por qué amazon encaja en la religión de omaha
Buffett adora zanjas que nadie puede cruzar. Amazon posee una fosa triple: 185 centros logísticos en Norteamérica, 200 millones de suscriptores Prime y 32% de cuota en cloud global. A eso súmale un flujo de caja libre que superó los 35 000 millones en 2024 y una política de reinversión que Bezos bautizó como «Day 1» y que Buffett traduce como «dueños, no especuladores».
La ironía es deliciosa: el inversor que se jacta de no entender semiconductores ahora obtiene la mitad del valor de Amazon de un negocio de servidores y algoritmos. AWS aporta el 16% de los ingresos y el 60% del beneficio operativo. Ni Coca-Cola ni American Express tienen ese apalancamiento digital.
La lección que no se enseña en las escuelas de negocio
Buffett ha construido su fortuna sobre la certeza de que los errores cuestan dinero, pero los errores no reconocidos cuestan más. Su viraje hacia Amazon no es una concesión al «nuevo paradigma»; es un mea culpa monetizado. El mensaje es brutal: incluso el más grande puede pasarse dos décadas ignorando un activo y aún así sacarle jugoso provecho si se atreve a cambiar de opinión antes de que sea demasiado tarde.
La partida de 10 millones de títulos vale hoy 1 850 millones de dólares, apenas el 0,7% del portafolio bursátil de Berkshire. Insignificante en peso, gigantesco en simbolismo: la zanja de la negativa ya no existe. El mercado ha ganado la partida de ajedrez y Buffett, lejos de patalear, aplaude desde la grada.
La moraleja para el resto de mortales: la próxima vez que un guru diga «no invierto en lo que no toco», recuerda que incluso él puede estar comprando Amazon a escondidas mientras habla.