Coreweave se dispara 5.000% en 24 meses, pero su deuda la puede hundir
La rentabilidad de CoreWeave huele a pólvora: 5.100 millones de dólares de facturación en 2025, 23 veces más que en 2023. Wall Street ya pone el foco en los 23.140 millones proyectados para 2026. Poco después llega el olor a pólvora quemada: 29.000 millones de deuda y un flujo de caja negativo de 7.250 millones en cuatro trimestres.
El negocio: vender gpu a quien más lo necesita
OpenAI, Meta y Microsoft han convertido los data centers de CoreWeave en extensión de sus propias granjas de chips. La compañía firma contratos a largo plazo, levanta las instalaciones con financiación ajena y cobra por hora de cómputo. Con una cartera pendiente de 66.800 millones, el modelo parece una máquina de hacer cash.
El problema nace del mismo lugar que el crecimiento. Para atender ese tsunami de demanda hay que adelantar los capex: cada rack de H100 cuesta un ojo de la cara y se deprecia antes que un iPhone. CoreWeave no tiene un negocio maduro que amortice esas facturas; solo tiene expectativas. Y los bancos, claro, cobran intereses también en la Silicon Valley.

Dilución y apalancamiento: la tijera que corta al accionista
En doce meses la cuenta de acciones creció un 13%. La siguiente ronda puede ser mayor: los 1.100 millones anuales sólo de coste financiero comen ya el 20% del margen bruto. Si la tasa de interés se resiste a bajar, cada dólar de ebitda futuro tendrá que pagar dos veces: a los bonistas y a los nuevos inversores que entren por puerta de atrás.
El escenario más negativo no es la bancarrota; es la estanflación del valor por acción. Con tantos títulos en circulación, incluso una facturación de 23.000 millones puede traducirse en beneficios por acción ínfimos. El PE ajustado ya ronda 60 veces los estimado para 2027, antes de contemplar nuevos aumentos de capital.

Cuando la fiesta de la ia baje el volumen
Los hyperscalers construyen sus propias infraestructuras mientras alquilan la de CoreWeave. Es un plan de diversificación, no una boda. Cuando la saturación del mercado de modelos LLM obligue a ralentizar capex, las plantas de CoreWeave podrán convertirse en elefantes blancos con GPUs de segunda mano. La deuda, eso sí, seguirá viva.
El inversor que entre ahora apuesta a que la demanda de GPU se mantendrá por encima del 50% anual hasta 2028. Si la curva se dobla un punto porcentual, el flujo de caja seguirá en rojo y la compañía seguirá emitiendo acciones como si fueran confeti. La euforia tiene fecha de caducidad; la deuda, no.
CoreWeave no es una start-up cualquiera: es la versión 2025 del «picks and shovels» en la fiebre del oro de la IA. Puede que los pico y pala acaben siendo más valiosos que el metal, pero también pueden enterrar al que lleva el equipo financiado a crédito. En la Bolsa, crecer no es sinónimo de ganar: a veces es solo correr más rápido hacia el abismo.