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Cramer desata la fiebre por uber: ve un monopolio global a 23 veces ganancias

Jim Cramer acaba de dar el grito que muchos inversores temían: Uber no es solo un transporte, es el monopolio del asfalto digital y ahora cuesta lo mismo que una utility aburrida. Su consejo: comprar antes de que Wall Street termine de mirar al techo.

El dato que nadie discute

La acción se hunde 25 % desde septiembre y cotiza a 23 veces los beneficios estimados para 2024, el múltiplo más bajo desde que la empresa dejó de sangrar dinero. Cramer lo resume en una frase que duele: “Es una value stock disfrazada de start-up”.

La chispa llegó la semana pasada en la GTC de NVIDIA. Jensen Huang subió al escenario y nombró a Uber como socio clave para desplegar su flota robotaxi en 28 ciudades antes de 2028. Los analistas tardaron dos días en reaccionar; el pop fue del 8 % en 48 horas, pero Cramer advierte que es solo el ensayo.

La clave no está en que Uber construya coches sin conductor, sino en que no necesita hacerlo. Con 202 millones de usuarios activos, cualquier flota autónoma —de NVIDIA, Tesla o el fabricante chino de turno— terminará pagando peaje para acceder a esa base. Es la plaza mayor del mundo: si quieres clientes, pasas por Uber o te quedas en el parking.

Por qué lyft no existe fuera de san francisco

Por qué lyft no existe fuera de san francisco

Cramer lo dice sin anestesia: “Lyft es un asterisco”. Fuera de Estados Unidos, la app ni aparece en los rankings de descargas. Eso convierte a Uber en el único jugador con escala global, idiomas, mapas, billeteras y datos de tráfico de 70 países. La red ya está tejida; el margen operativo crece cada trimestre sin que nadie lo celebre.

El mercado, emperrado en descontar una guerra de precios que nunca llega, regala múltiplos. Mientras, la compañía genera 1.200 millones de dólares de free cash flow trimestrales y devuelve dinero a los accionistas vía recompra de acciones. “¿Dónde está el riesgo?”, pregunta Cramer. “El riesgo es quedarse mirando desde la acera”.

El robotaxi que no asusta

El robotaxi que no asusta

Los temores a la disrupción autónoma se desinflan con una cifra: menos del 0,5 % de los viajes de Uber en San Francisco se hacen hoy sin conductor. La empresa no necesita ganar la carrera de la IA; solo alquila la pista. Su nuevo acuerdo con NVIDIA le garantiza acceso prioritario a la arquitectura DGX y a chips que ya cotizan como lingotes de oro.

El plan es simple: cobrar una comisión por cada kilómetro autónomo como ya lo hace por cada kilómetro humano. Escalar sin capex. Convertirse en la plataforma neutral del movimiento, igual que Visa lo es del dinero.

Para los que miran el cronograma, 2028 suena lejano. Pero los contratos de ingresos por kilometraje se firman ya, y los modelos de Wall Street aún no los han descontado. Ahí vive el alfa que Cramer olfatea.

Cierre: la última parada antes del repunte

La prensa especializada sigue obsesionada con los márgenes de DoorDash y la guerra de delivery, pero Cramer desvía la mira: “El dinero está en el movimiento de personas, no de pizzas”. Uber factura más por viaje y paga menos incentivos que cualquier competidor. Cuando los flujos libres superen los 5.000 millones anuales —algo que el consenso da por hecho en 2025— el múltiplo podría comprimirse por debajo de 20 sin que el precio se mueva.

Su conclusión es una orden: “Compra ahora y olvídate hasta que el robotaxi te despierte”. El mercado odia lo que no entiende; Cramer apuesta a que dentro de dos años nadie recordará que Uber alguna vez costó menos que Coca-Cola.