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Dogecoin se desploma: el meme que costó 90.000 millones y aún no ha tocado fondo

En 2013, Billy Markus y Jackson Palmer crearon un token para burlarse del fervor cripto. Doce años después, el chiste se ha vuelto contra ellos ―y contra quienes confiaron los ahorros en el perro shiba. Dogecoin cotiza a 0,09 dólares, un 88% por debajo de su máximo de 0,73 en 2021, cuando su capitalización rozó los 90.000 millones. La cifra habla por sí sola: hoy vale menos que Netflix, Starbucks o Airbnb. Y la sangría puede seguir.

La teoría del pringado más grande ya no funciona

El problema no es el meme, es la ausencia de razones para comprar. Solo 2.193 comercios aceptan DOGE, según Cryptwerk, y la mayoría venden servicios de nicho. Sin flujo de caja, sin utilidad y sin techo de emisión, la moneda vive de la pura especulación. Cuando se agotan los nuevos compradores, el precio cae por su propio peso. Y la emisión es implacable: 5.000 millones de monedas nuevas cada año, para siempre. Hoy hay 153.500 millones; en 2067 serán 307.000 millones. El capital puede mantenerse, pero cada token valdrá la mitad. O menos.

Bitcoin al menos tiene escasez programada: 21 millones y punto. Dogecoin, en cambio, es una máquina de inflación con cara de perro. Los mineros siguen cobrando, los holders siguen diluyéndose. El mercado lo sabe: desde el pico, el volumen ha migrado a activos con demanda real ―staking, DeFi, tokenización de bonos del Tesoro― mientras DOGE se queda sin anclaje.

¿Hasta dónde puede caer? el suelo es ético, no técnico

¿Hasta dónde puede caer? el suelo es ético, no técnico

Con 13.800 millones de capitalización, Dogecoin sigue siendo la novena criptomoneda más grande. Pero su ratio precio/emisión proyectada delata un agujero: cuanto más crezca la oferta, más se aleja cualquier posibilidad de recuperar el máximo. Un descenso adicional del 50% dejaría la moneda en 0,045 dólares y aún así conservaría un valor de mercado superior a CaixaBank. Lo demoledor es que ni siquiera es descabellado: basta con que los flujos de capital continúen buscando rendimiento real en otros lados.

Markus y Palmer dejaron el barco hace años. Palmer admitió en 2021 que todo fue «una broma que se fue de las manos». La risa se acabó. Dogecoin no está muerto; simplemente se convierte ―lentamente, inexorablemente― en el souvenir caro de una fiesta que terminó hace tres años.