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El auge cuántico: ¿burbuja o la próxima revolución tecnológica?

Wall Street está enloqueciendo por la computación cuántica, con acciones de IonQ, Rigetti Computing y D-Wave Quantum disparándose hasta un 6.217% en el último año. Pero, tras la euforia, emerge una advertencia que debería preocupar a los inversores: sus propios directivos están vendiendo sus acciones a un ritmo alarmante.

La fiebre del quantum: inversiones masivas y contratos con gigantes

La promesa de una potencia computacional sin precedentes ha desatado una fiebre inversora. JPMorgan Chase, por ejemplo, ha anunciado una iniciativa de 1,5 billones de dólares a 10 años enfocada en seguridad y resiliencia, impulsada en parte por la computación cuántica. Gigantes tecnológicos como Amazon, a través de sus servicios Braket y AWS, ya ofrecen acceso a los ordenadores cuánticos de IonQ, Rigetti y D-Wave, lo que valida la tecnología y atrae aún más capital.

Los analistas de Boston Consulting Group proyectan que la computación cuántica aportará entre 450 y 850 mil millones de dólares a la economía global para 2040. Las cifras son impactantes, pero la realidad que se esconde tras los balances es menos optimista.

El secreto a voces: los <i>insiders</i> se deshacen de sus acciones

El secreto a voces: los insiders se deshacen de sus acciones

Mientras los comunicados de prensa resuenan con optimismo, los informes presentados a la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) revelan un panorama diferente. Los ejecutivos y directivos de estas tres empresas –IonQ, Rigetti y D-Wave Quantum– están vendiendo sus posiciones a un ritmo vertiginoso. En total, se han liquidado más de 930 millones de dólares en acciones desde marzo de 2021. La cifra habla por sí sola.

Por supuesto, no toda venta de acciones por parte de los insiders es negativa. Es común que reciban parte de su compensación en acciones o opciones, y la venta para cubrir obligaciones fiscales es una práctica habitual. Sin embargo, lo que realmente llama la atención es la ausencia casi total de compras por parte de estos mismos directivos. La única razón para adquirir acciones de una empresa es la convicción de que su valor aumentará. Y en este caso, la falta de interés de los que mejor conocen la compañía es preocupante.

Con ordenadores cuánticos que aún están lejos de ser económicamente viables en comparación con los sistemas clásicos, estas empresas probablemente seguirán quemando efectivo y cotizando con ratios precio-ventas desorbitados, difíciles de justificar.

¿Debería comprar acciones de IonQ? La respuesta podría sorprenderle. Analistas de The Motley Fool, en su reciente lista de las 10 mejores acciones para invertir ahora, no incluyeron a IonQ. En cambio, destacaron empresas con un potencial de crecimiento mucho más sólido, como Netflix en 2004 (una inversión de 1.000 dólares se habría multiplicado por 497) o Nvidia en 2005 (una inversión de 1.000 dólares se habría transformado en más de un millón de dólares).

La historia nos enseña que la prudencia es clave. La euforia actual en torno a la computación cuántica podría estar creando una burbuja, y los inversores deberían ser cautelosos antes de embarcarse en esta aventura tecnológica. El tiempo dirá si la promesa del quantum se materializa o si se queda en una costosa ilusión.