El auge del 'terminal value': la ia desata una crisis en las valoraciones empresariales
La sombra de la inteligencia artificial se cierne sobre el mercado bursátil. Goldman Sachs advierte de una nueva amenaza: la creciente dependencia de las valoraciones de las empresas en el valor a largo plazo –el ‘terminal value’– podría ser una bomba de relojería.
El 75% del s&p 500 se basa en proyecciones a una década, un record histórico.
Analistas del banco de inversión han detectado un cambio radical en la forma en que se evalúan las compañías. Ahora, el 75% del valor del S&P 500 se basa en las expectativas de beneficios que se proyectan más de diez años en el futuro. Un dato que se sitúa en niveles altísimos, casi un 25% por encima de la media histórica, y que recuerda, irónicamente, a la euforia de la burbuja puntocom.
La preocupación, alimentada por el reciente lanzamiento de herramientas de automatización de Anthropic –que amenazan con erosionar la base de ingresos de los gigantes del software – está provocando una corrección brutal. El sector tecnológico, con un desplome del 17% este año, es el epicentro de este miedo.

La ia, un riesgo de caída del 29% en las valoraciones.
Las estimaciones de Goldman son claras: una reducción del 1% en la tasa de crecimiento proyectada para las empresas del S&P 500 podría provocar una caída del 15% en su valor combinado. Las acciones de alto crecimiento, especialmente, soportarían un impacto mucho mayor, con una pérdida potencial del 29%, mientras que las empresas de crecimiento moderado se verían afectadas en un 10%.
“El valor de una empresa de alto crecimiento es especialmente sensible a los cambios en su perspectiva de crecimiento a largo plazo,” señalan los analistas. Lo que nadie parece comprender, o querer admitir, es que la tecnología, un motor de crecimiento durante décadas, podría convertirse en un catalizador de su destrucción.
La gestión ignora la realidad, y el mercado reacciona
Sólo el 5% de las empresas del S&P 500 están discutiendo, de forma concreta, proyecciones financieras más allá de cinco años. Goldman Sachs insta a los ejecutivos a priorizar el debate sobre el horizonte a largo plazo, una demanda que, hasta ahora, ha sido sistemáticamente ignorada. La incertidumbre generada por la posible disrupción de la IA parece estar provocando una parálisis en la comunicación con los inversores.
La inercia de la industria, en un momento de gran incertidumbre, parece sabotear la transparencia. El mercado, sin embargo, no perdonará la negación. Las valoraciones están sintiendo el impacto y, a corto plazo, la inversión está buscando refugio en activos más seguros.
