El 'club de los siete' se tambalea: por qué nvidia huele a ganga entre escombros
Las siete gallinas de los huevos de oro de Wall Street han dejado de poner. Por primera vez en tres años, Apple, Alphabet, Tesla, Nvidia, Meta, Microsoft y Amazon cerraron el primer trimestre en rojo y por debajo del S&P 500. La fiesta de la IA se ha convertido en resaca: 700 000 millones de dólares en capex solo entre los cuatro mayores hiperscalers, y los inversores empiezan a hacer cuentas de cuándo —y si— recuperarán ese dinero.
El software paga la factura del miedo
Microsoft lidera las caídas: la huida de valores de software arrastra su cotización mientras los gestores cuestionan si Copilot será un negocio o un gasto perpetuo. La lógica es brutal: cuando el capex crece más rápido que la facturación, los márgenes se desinflan. Y los analistas han empezado a recortar estimaciones de beneficio neto por primera vez desde 2022.
Pero hay un detalle: la rotación no va al cash. El ETF de small-cap tecnológicas PSCT sube un 6 % y el Russell 2000 se ancla en plano, mientras el S&P 500 retrocede. El mensaje es claro: el dinero sale del gigante hipervalorado y busca arena nueva. La guerra en Irán y el repunte de la energía solo aceleran el cambio de baile.

Nvidia, la excepción que confirma la regla
Entre los escombros, Nvidia despide un olor a ganga. Sí, cotiza a 73 veces beneficios 2025, pero si atendemos a las estimaciones forward la ratio se derrumba hasta 21. Jensen Huang ya ha dibujado el mapa: 1 billón de dólares de ingresos en los próximos dos años. La compañía acaba de entregar dos trimestres consecutivos de aceleración del crecimiento: la curva no se dobla, se dispara.
El mercado, empero, desconfía. Teme que el auge de la IA sea un espejismo y que la burbuja de GPU estalle antes de que se amortice el capex. La ironía es palpable: los mismos inversores que pagaron 90 veces beneficios por Coca-Cola en 1998 ahora dudan de pagar 21 veces estimaciones para la empresa que fabrica el pico y la pala de la nueva fiebre del oro.
La clave no es si la IA generará el primer billonario personal, sino quién cobrará el peaje mientras tanto. Nvidia ya lo está haciendo: margen bruto del 78 %, caja neta de 40 000 millones y un monopolio tecnológico que ni Intel ni amd logran replicar. Cuando la euforia retorne —porque retornará— los que se hayan quedado fuera mirarán el gráfico y se morderán la lengua.
La lección del trimestre es demoledora: en el mercado actual, el castigo llega antes que la recompensa. Pero los números de Nvidia han descontado un cataclismo que aún no existe. Y eso, en esta trinchera, huele a oportunidad.
