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El mercado de deuda pública de ee.uu. al borde del colapso: ¿intervención inminente?

La calma aparente del mercado de deuda pública estadounidense se ha roto. Barclays advierte que el modelo actual, impulsado por un crecimiento desbocado y una incapacidad del sector bancario para seguirle el ritmo, es estructuralmente inestable y podría requerir la intervención directa de las autoridades para evitar un caos.

Un desajuste entre deuda y capital bancario

Un desajuste entre deuda y capital bancario

El informe, elaborado por analistas de Barclays y el profesor de la NYU Jeffrey Meli, revela un desequilibrio alarmante: el mercado de bonos del Tesoro, que supera los 31 billones de dólares, ha crecido a un ritmo del 9% anual desde 2009, mientras que el capital bancario se ha expandido a un magro 3,8% anual desde 2010. La cifra habla por sí sola: en apenas unos años, hemos pasado de un exceso de liquidez a una severa escasez, una reversión de tendencia que no se veía desde hace décadas.

Pero hay un detalle que agrava la situación: esta disparidad genera un círculo vicioso. La expectativa de una intervención gubernamental, como las que hemos visto tras la crisis de 2008 y durante la pandemia, puede fomentar un mayor endeudamiento y la utilización de apalancamiento, lo que a su vez aumenta el riesgo de un colapso desordenado.

Como señala el informe, este escenario ya se manifiesta en la depreciación generalizada de los bonos del Tesoro en relación con los swaps de tipos de interés, así como en la disminución de la participación de los denominados 'primary dealers' en las subastas del Tesoro.

La Reserva Federal, en la cuerda floja. La dependencia del mercado de deuda pública en la liquidez proporcionada por la Reserva Federal se ha convertido en una vulnerabilidad. La estabilidad del mercado, según el estudio, se considera ahora una “obligación” de la Fed, lo que implica que cualquier perturbación podría tener consecuencias sistémicas.

Lo que nadie cuenta es que estas intervenciones, aunque necesarias en momentos de crisis, pueden generar una complacencia peligrosa. La experiencia de 2020, cuando la Fed inyectó billones de dólares en el mercado de bonos para combatir los efectos de la pandemia, demostró la capacidad del banco central para estabilizar la situación, pero también normalizó la idea de que siempre habrá un salvavidas disponible.

Esto, a su vez, puede incentivar a los inversores a asumir riesgos excesivos, creando una fragilidad latente que tarde o temprano explotará.

Ante este panorama, la única solución a largo plazo no es una intervención constante, sino una política que fomente una mayor solvencia bancaria y que reduzca la dependencia del sector público en la financiación de su deuda. De lo contrario, nos enfrentamos a un futuro de crisis recurrentes y a la necesidad de bailouts cada vez más costosos.

El informe concluye con una advertencia: “No es posible tener mercados estables, intermediarios financieros sólidos y evitar rescates sin una política que limite las intervenciones”. La pregunta ahora es si los responsables de la política económica están dispuestos a tomar las medidas necesarias antes de que sea demasiado tarde.