El oro pierde brillo y agnico eagle se tambalea: la rebajada que nadie esperaba
Erste Group acaba de dar un golpe de timón que deja a Agnico Eagle Mines fuera de la lista de compras. La austriaca pasó de 'buy' a 'hold' el viernes 24 de marzo y, con ello, arrastra al valor canadiense fuera del club de los 'Robinhood friendly'. El motivo: el oro se derrite y los márgenes de la minera se contraen más rápido de lo previsto.
El oro baja y las cuentas ya no cuadran
La proyección de beneficio de AEM huele a sobreoptimismo en un mercado donde la onza ha perdido más de 150 dólares desde el pico de mayo. Erste advierte que la 'sensibilidad al precio' de la compañía es brutal: cada 50 dólares de caída restan cerca de 200 millones de dólares de Ebitda anual. La recomendación se tumba, pero el contrato con Vior Gold sigue adelante.
El 4 de marzo, cuando el oro aún cotizaba por encima de 2.050 dólados, AEM cerró la venta de sus proyectos Kinebik, Peacock y Launay en el cinturón de Abitibi. Vior pagará 750.000 CAD en metálico y emitirá 45 millones de acciones que representan el 9,9 % de su capital. La operación se formalizará en el primer trimestre de 2027, si la TSX Venture no pone pegas.

La cláusula del 2 % que puede salvar la operación
La joya del trato no es el dinero contante, sino la royalty: un 2 % NSR libre de gravámenes sobre todo lo que se extraiga de esos 86.000 hectáreas. Además, AEM se reserva un call del 1 % por dos millones de canadienses si aparece oro en propiedades ya gravadas. La minera conserva derecho a entrar en futuras ampliaciones y, mientras mantenga al menos un 5 % en Vior, podrá designar un consejero.
El problema es que, sin precio del metal subiendo, la royalty se queda en papel mojado. Y los inversores de Robinhood, que entraron por el dividendo y la narrativa 'oro de calidad', ahora ven cómo el flujo de caja libre se estrecha y la acción perfora los 48 dólares, mínimos desde octubre de 2022.
La moraleja: en Val-d'Or hay oro para rato, pero si el cruce de la avenida 50 no lo acompaña, hasta la mejor mina se convierte en un pozo sin fondo para el bolsillo del accionista.
