finanzas

El tesoro de ee.uu. caza al crédito privado antes del contagio

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos convocará en las próximas semanas a supervisores de seguros nacionales e internacionales para medir cuánto pesa el crédito privado de 2 billones de dólares sobre el sistema financiero regulado. La reunión, prevista para este miércoles, inaugurará un ciclo de consultas trimestrales que Scott Bessent diseñó en enero y que ahora acelera ante el temblor de liquidez que sacude el mercado.

El temor empieza en el apalancamiento de fondos

Lo que nadie cuenta es que la preocupación no nace de la deuda en sí, sino de la ingeniería de palancas que los gestores han montado sobre sus carteras. Fuentes cercanas al plan dicen que Bessent quiere saber, punto por punto, cuánto deuda usan los fondos de crédito privado para amplificar retornos, qué tan sólidos son los ratings internos que asignan a sus préstamos y cuánto del riesgo terminan trasladando a reaseguradoras en paraísos fiscales. La cifra habla por sí sola: el 40 % de los compromisos recientes se pactó con cláusulas de liquidez que exigen devolución en 30 días si el valor de los activos cae un 5 %.

El Tesoro carece de poder regulatorio sobre la industria aseguradora, pero puede sentarse en la cabecera de la mesa. Bessent, ex jefe de un hedge fund, conoce la táctica: convierte a Washington en “autoridad convocante” y obliga a los 50 superintendentes estatales a compartir datos que, de otra forma, quedarían enterrados en informes trimestrales. La jugada le permite dibujar un mapa de riesgos antes de que cualquier shock se propague a fondos de pensiones o cuentas 401(k).

Del puente salvador a posible fuga de valor

Del puente salvador a posible fuga de valor

El crédito privado se convirtió en válvula de escape cuando los bancos cerraron el grifo tras 2008 y de nuevo en 2020. Ahora, sin embargo, Bessent advierte que ese puente puede convertirse en vertedero de activos podridos si los préstamos migran a compañías de seguros captivas o fondos de retiro sin la debida marca a fuego. “No vamos a permitir que las cuentas del trabajador medio se llenen de pasivos tóxicos”, advirtió en Dallas. Traducción: si el crédito privado quiere seguir creciendo, deberá desnudar sus libros y aceptar un aforo de capital que hasta ahora se saltó por la tangente.

El calendario es implacable. Tras la reunión de esta semana vendrán otras cada tres meses. Solo entonces, y si los números confirman la sospecha de apalancamiento excesivo, llegarán recetas de política. Mientras tanto, los gestores de 2 billones siguen tomando prestado barato y prestando caro, con la certeza de que Washington ya les ha echado el ojo. La próxima vez que un fondo clame por liquidez, el grito no resonará en Wall Street, sino en la sala de crisis del Tesoro.