Equinox gold dispara 4,57 %: el oro sube y el miedo al conflicto vuelve a cobrar factura
Otro viernes negro para los nervios de los inversores, otro salto mortal del oro. Equinox Gold cerró en $12,58tras repuntar un 4,57 % cuando los misiles volaban sobre Irán y los fondos huyeron de todo lo que no brillara. La acción se engordó al ritmo de la cotización del metal: $4.494 la onza, récord tras récord, mientras la plata rozaba los $70. Mineras como Hecla, IAMGOLD, Coeur y First Majestic se subieron al mismo carro: guerra, panico y margen brutales.
La cuenta de resultados que nadie mira
El gráfico impresiona, pero los números cuentan otra historia. En 2024 la compañía multiplicó por dos sus ingresos, hasta $1.800 millones, y en el cuarto trimestre el beneficio neto se disparó un 600 % interanual. Pese al espectáculo, el beneficio anual cayó un 35 % frente al ejercicio previo. Más ventas, menos rentabilidad: el costo de producir oro en Canadá y América Latina se come la bonanza del precio.
El mercado, por ahora, obvia el desfase. La lógica es simple: si el lingote sigue subiendo, los márgenes se ensanchan. Pero la volatilidad geopolítica no entra en los modelos de cash-flow. Washington anunció una tregua de diez días en los bombardeos contra Irán; Israel respondió que no para. Cada titular nuevo empuja al oro y, por arrastre, a EQX.

¿Fiebre pasajera o nuevo ciclo?
Los analistas se dividen. Los técnicos ven espacio hasta $14 si se perfora la resistencia de los $12,80. Los fundamentalistas recuerdan que la deuda neta sigue cerca de $500 millones y que los costos por onza ya superan el $1.300. La empresa produce más de 750.000 onzas al año, pero cada dólar que sube el crudo o el diesel le resta brillo al margen.
Mientras tanto, el pequeño inversor busca refugio y los algoritmos compran mineras como si fueran criptomonedas. La euforia dura hasta que la tregua se confirma o el dólar remonta. Entonces el oro, y EQX, pueden caer tan rápido como subieron.
La lección: cuando el precio del miedo paga más que la productividad, conviene revisar el lastre antes de subirse al rally. La historia de cada ciclo del oro termina igual: el brillo engaña, los costos no perdonan.
