Fink se embolsa 37,7 millones mientras el oro digital pesa 14 billones

Larry Fink ha pasado de llamar a Bitcoin «índice de lavado» a cobrar 37,7 millones de dólares gracias a él. El salto del 23 % en su retribución coincide con el récord de 14 billones que BlackRock gestiona, impulsado por el fondo IBIT, el ETF que ha metido al criptoactivo en cada plan de pensiones que se precie.

De escéptico a artífice del dinero digital

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La conversión es tan sonora como rentable. En 2017 Fink dispara: «Bitcoin solo sirve para blanquear». Siete años después, el iShares Bitcoin Trust acumula 70 000 millones en 341 días, pulverizando el anterior rétor de SPDR Gold. La jugada genera 250 millones anuales en comisiones y convierte la moneda virtual en el motor de los 698 000 millones de entradas netas que ha captado la gestora en 2025.

El paquete del consejero delegado lo dice todo: 1,5 millones fijos, 10,6 de bonus y 24,6 en acciones, 6,5 más que el ejercicio previo. La parte variable se liga al precio de la acción, que se dispara al calor de los fondos tokenizados y del BUIDL, el producto de renta fija sobre blockchain que ya huele a medio billón de ingresos en los próximos cinco años.

Mientras Bitcoin regalaba volatilidad, IBIT captó 25 000 millones de flujo fresco en 2025, un gesto de fe inversora que ni los propios cripto maximalistas esperaban. La receta: custodia regulada, liquidez intradiaria y el sello de una casa que maneja el dinero de medio planeta. Ahora los planes de pensiones noruegos, las endowments de Ivy League y los family offices suizos exhiben satoshi en sus carteras sin despeinarse.

El mensaje es brutal: el que antes demonizó al enemigo ahora cobra por abrazarlo. Y lo hace tan bien que el consejo le ha subido el sueldo por encima de la inflación, del Ibex y del orgullo de cualquier banca de inversión. La moraleja del cuento: en Wall Street no existen principios, solo posiciones. Y Fink acaba de cerrar la suya en largo, muy largo, sobre el oro digital que antes ni tocara con un palo.