General mills paga un 6,6 % de dividendo tras hundirse un 49 %: la trampa que esconde la bolsa

General Mills lleva 127 años repartiendo dividendos sin interrupción. El último cheque, sin embargo, ha llegado acompañado de un -49 % de rentabilidad total en los últimos tres años. El cereal que desayunaban millones de estadounidenses se ha convertido en el fetiche de los fondos de ingresos, pero la factura es demoledora: quien entró en 2014 ha perdido un 12,4 % de su capital una década después. La acción cotiza a 36,8 dólares, múltiplo de 11 veces los beneficios previstos para 2026, y el yield se dispara al 6,6 %, récord de tres décadas. La pregunta no es si la caja aguanta, sino si alguien va a querer seguir comiendo Cheerios dentro de cinco años.

El consumidor se niega a tragar más subidas

El problema no es solo de General Mills: es todo el pasillo de “packaged food” el que se desploma. Los precios de la cesta han subido un 24 % desde 2020; las ventas volumétricas, en paralelo, han caído un 12 %. El consumidor ha cambiado el carrito por la cesta del mercado de abastos y la compañía no logra trasladar la inflación de costes. El resultado: márgenes en picado y guía para 2026 que, en palabras de la propia dirección, “no anticipa una reactivación cercana”. El free cash flow por acción se queda en 3,28 dólares, apenas 0,84 dólares por encima del dividendo (2,44). El colchón existe, pero es fino: un ciclo de materias primas alcista lo rasga.

La reacción del consejo ha sido deshacerse de todo lo que no sea cereal o snack. El 17 de marzo vendió la operación en Brasil; el 30 de junio cerró la venta de la yogurtera estadounidense –Yoplait, Go-Gurt, Oui– y ya ha rotado casi un tercio de la cartera desde 2018. La deuda a largo plazo baja de 11.840 a 10.990 millones y la tesoreria sube a 785 millones. Se trata de una cirugía financiera, no de un plan de crecimiento: la compañía se está comprando tiempo para que sus marcas “con moqueta” –Cheerios, Lucky Charms, Nature Valley– no muertan de éxito en un mundo que aplaude el “no processed”.

La trampa del high yield

La trampa del high yield

El 6,6 % seduce a los jubilados que miran la rentabilidad por delante y al fondo buitre que huele la sangre por detrás. Pero el mercado ya ha dictado sentencia: la acción se negocia por debajo del valor contable y el PER forward es el más bajo desde la crisis financiera. La historia repite su mecánica: cuando un dividendo parece demasiado bueno para ser verdad, lo es. General Mills no es un Dividend King porque no ha subido el reparto cada año; es un superviviente que paga lo que puede para que nadie se baje del barco mientras reorganiza la cubierta.

La apuesta es binaria: o la guía se cumple y el cash flow mantiene la tanda de 127 años, o la presión de los minoristas y la rotación de portafolio acaban forzando un recorte que rompería la mitología. Mientras tanto, el rendimiento del 6,6 % funciona como anestesia: amortigua la caída, pero no evita la herida. Quien compre hoy cobrará su cheque trimestral, pero deberá creer que los estadounidenses volverán a elegir cereales azucarados frente a la granola artesanal. El reloj corre y el cereal se pasa de fecha.