General mills paga un 6,6 % de dividendo y aún así el mercado la castiga: la trampa del cereal barato
Mientras el S&P 500 reparte récords a diario, General Mills acumula una década en negativo: –12,4 % de rentabilidad total en diez años y –48,9 % solo en los últimos tres. La acción se desploma hasta 36,45 dólares, pero el dividendo se dispara al 6,67 %, su nivel más jugoso desde los 90. El mensaje es claro: el mercado no cree que la cerealera repita su hazaña de los 127 años sin tocarse la caja.
Un castigo que arrastra a todo el pasillo de comida enlatada
La guerra no es solo de GIS. Kellogg, Campbell y Kraft comparten el mismo sudor: el consumidor ya no pagará un plus por los Cheerios. La inflación le robó el bolsillo y la tendencia «free-from» le arrebató la ilusión. Los pasillos de cereal y yogur —que ya vendió— parecen museos de la nostalgia.
La compañía responde con tijeras: desprenderse de Brasil, deshacerse de Yoplait, descontar plantilla. El flujo de caja operativo, sin embargo, aguanta: 3,28 $ por acción este año frente a 2,44 $ que promete repartir. Cobertura de 1,3 veces. Justita, pero viva.

El valor de los huesos rotos
El PER 2026 se contrae a 10,8. Barato, sí, pero barato por algo. El truco está en saber si la marca es lo suficientemente poderosa como para que los precios dejen de caer antes que el dividendo. El mercado apuesta a que no; los contrarios compran un cupón del 6,6 % mientras esperan que los números —y los paladares— den un respiro.
General Mills ya no es un rey del dividendo; es un zombi que paga por no morir. Y, paradójicamente, esa es su única arma: si el cereal despierta un día, el 6,6 % se evaporará en un pestañeo. Hasta entonces, el dinero entra cada trimestre. Para los jubilados hambrientos de rentas, la trampa puede ser el último plato servido.
