General mills se desploma 40% en diez años y aún así paga 6,6%: ¿trampa o regalo?
Las acciones de General Mills tocan mínimos que no se veían desde la crisis de 2011. Caen un 36,7% en doce meses y han perdido cuatro de cada diez dólares de valor en la última década, mientras el S&P 500 se triplicaba. La recompensa: un dividendo que ya rinde el 6,6%, casi el doble que Coca-Cola y PepsiCo juntas.
La cuenta atrás del beneficio ajustado
La compañía adelanta un desplome del 16-20% en su beneficio por acción ajustado para su año fiscal 2026. Repite la receta del 7% de caída actual. La inflación en materias primas y el petróleo recién estrenado repunte aún no están inside los números. El consumidor, ahogado, relega la pizza congelada y los cereales azucarados a la categoría de «capricho». El mercado castiga igual que si vendieran coches de lujo.
Dentro del castigo hay un resquicio. Nature Valley crece. Fiber One resucita entre los usuarios de fármacos GLP-1 que buscan fibra extra. Y la compañía apuesta fichas a la proteína: Cheerios Protein, lanzado en diciembre, proyecta facturar 100 millones de dólares. La sociedad “Ghost”, especializada en nutrición deportiva, ya da rédito con barras que fusionan marca y funcionalidad.

El flujo de caja que sostiene el dividendo
General Mills genera efectivo estable pese al desastre bursátil. La dirección reitera que la caja cubre holgadamente el dividendo. De cumplirse, el accionista cobraría cada año 66 dólares por cada mil invertidos al precio actual. La deuda se reduce, los costes se ajustan y la cartera de marcas —desde Yoplait hasta Blue Buffalo— sigue dominando estanterías.
La ironía: los analistas que ahora miran a AI, chips o cualquier start-up sin beneficios ignoran que el pastel de la alimentación no desaparece. Se transforma. Y mientras tanto, General Mills paga por esperar.
