General mills se hunde hasta mínimos de 2008: el 6,6 % de dividende es cebo o ganga
El 24 de marzo General Mills tocó fondo: 35,63 dólares, mínimo desde la crisis financiera. El S&P 500 se ha multiplicado por tres desde entonces; la fabricante de Cheerios se ha desplomado un 40 % en doce meses. Wall Street castiga la espiral de ventas, pero el verbo de la renta variable es otro: el dividendo trepa al 6,67 % y grita «¡trampa!» a los oídos de los cazadores de yield.
El negocio se desinfla y la compañía lo sabe
La guía para el cierre de 2026 —que se presentó el 18 de marzo— advierte una caída del 1,5-2 % en ventas orgánicas y del 16-20 % en beneficio ajustado. La dirección culpa la desinversión en yogures y pet food, pero la realidad es más tosca: los consumidores siguen cambiando marcas por precio y los pasillos del supermercado ya no son feudos inamovibles. La venta de la filial brasileña —anunciada 24 h antes de la conferencia— añade 250 millones de caja y un punto de margen, pero también revela que la expansión emergente se ha convertido en lastre.
Lo que nadie cuenta es que la free cash flow sigue siendo abultada: 2.300 millones anuales, suficientes para cubrir el dividendo dos veces y media. El problema no es liquidez; es credibilidad. El PER forward de 10,7 parece regalo hasta que se descubre que lleva ahí tres trimestres y el precio sigue sin rebotar. La moraleja: barato puede ser más barato todavía.

La reconstrucción pasa por los cereales del desayuno
La promesa de la dirección —«volver al crecimiento price-mix»— se sostiene en tres patas: menos promociones, más innovación premium y una demolición de costes que ya ronda los 500 millones anuales. El plan es creíble si la inflación alimentaria se aquieta y el consumidor deja de mirar la etiqueta con lupa. La renovación de Honey Nut Cheerios y la vuelta del marketing masivo en prime time son la apuesta, pero la guerra de precios desatada por Post Holdings y las marcas blancas puede diluir el margen antes que la campaña caliente las ventas.
El dividende, pagado sin interrupción desde 1898, no corre peligro inmediato. Pero la historia tiene un asterisco: la deuda neta ronda los 11.000 millones y sube. Si la Fed retrasa los recortes y el coste del pasivo se dispara, la tesorería podría optar por una rebaja escenográfica para proteger el balance. El mercado lo huele y descuenta un recorte del 15 % en 2027, según el último dividend swap de CME.

Precio de quiebra, pero no de salida
General Mills no es una trampa valor porque no necesita endeudarse para repartir. Tampoco es un value play romántico: el crecimiento orgánico brilla por su ausencia y la rotación de activos —Brasil hoy, quizá Europa mañana— es sinónimo de repliegue, no de expansión. El escenario base pasa por estabilizar márgenes en 2027 y crecer un tímido 2 % en ventas si la inflación se normaliza. A 36 dólares, la acción cotiza como si esa hipótesis fracasara. La cifra habla por sí sola: un 30 % de descuento sobre el valor liquidativo de las marcas, según Markables.
Los fondos de cobertura que entraron demasiado pronto —Carlson Capital, Contrarius— llevan ya dos trimestres de pérdidas dobles. El consenso de FactSet fija el objetivo medio en 45 dólares, pero las revisiones siguen siendo a la baja. La lección: esperar un catalizador macro —desinflación, vuelta del consumidor fiel— antes de pescar el 6,6 % puede salvar la cartera de otro 10 % de caída. El dividendo es cebo para los impacientes; para los pacientes, puede ser la entrada a un Big Food que sobrevivirá a cualquier recesión, aunque lo haga más pequeño.
