Google atrapa a los usuarios de sora con veo 3.1 lite: mitad de precio, misma velocidad
OpenAI acaba de cerrar el grifo de Sora y Google ya ha abierto otro más grande y barato. Alphabet presentó ayer Veo 3.1 Lite, una versión que genera vídeo a 0,20 $ el segundo, exactamente la mitad que su hermano Veo 3.1 Fast, y con idéntica latencia. La acción se dispara un 4,25 % en media sesión y deja a la competencia mirando al techo.

El timing es un gol de rabona
OpenAI justificó el cierre de Sora por la necesidad de ahorrar GPU rumbo a su OPV. Google, sin embargo, ha convertido ese retirón en una invitación a copa pagada: los desarrolladores que ayer probaban Sora hoy pueden migrar a Veo 3.1 Lite sin tocar código y pagando 50 % menos. La jugada se redondea con un descuento adicional del 33 % en Veo 3.1 Fast a partir del 7 de abril, mientras el modelo tope, Veo3.1 sin apellidos, se mantiene en los 0,40 $/s.
El mensaje es claro: el campo de batalla del vídeo generado por IA ya no es de quien inventa la pistola, sino de quien garantiza la munición a precio de saldo. Con Sora fuera del mapa, Runway y Pika pasan a ser enemigos menores y el mercado de 5.000 millones anuales que Credit Suisse calcula para 2026 se inclina hacia Mountain View.
El efecto contable es inmediato. Cada punto de cuota que Google arrebate se traduce en 30 millones de ingresos recurrentes por cada 100 millones de segundos renderizados. A escala de cloud, eso huele a margen bruto del 59 % que ya exhibe el conglomerado. La guerra de precios, lejos de erosionar, ensancha el pozo de arena donde juegan sus anuncios, su storage y su infraestructura.
Para el inversor, la lectura es menos épica y más de libro contable: menos competencia, más pricing power y un flujo de caja que crece antes que los gastos de capex en GPU. El consenso de FactSet sube el free cash flow 2025 a 78.000 millones; si Veo captura un 20 % extra del mercado, esa cifra puede adelgazar las previsiones de deuda y colocar a Alphabet por debajo de 1× net-debt/EBITDA en 18 meses.
La moraleja es una hostia de realismo: en la IA no gana el que entrena el modelo más grande, sino el que factura primero y factura barato. Mientras OpenAI pelea por convencer a los reguladores, Google ya cobra la entrada y se guarda la mitad del aforo. La función continúa, pero el teatro ya tiene dueño.