Google se atrinchera en el pentágono mientras sus rivales se desmoronan
El gigante de Mountain View acaba de colocar otra pieza en el tablero de la inteligencia artificial militar: un encuentro de 45 minutos entre Thomas Kurian, CEO de Google Cloud, y Emil Michael, alto cargo del Departamento de Defensa, el 26 de febrero, ha derivado en un aumento de la cuota de contratos de IA que ahora escapan a Anthropic y OpenAI, envueltos en batallas internas por el uso de sus modelos en armas autónomas.
El beneficio trimestral que financia la guerra por los datos
La matriz Alphabet anunció el pasado 18 de marzo un beneficio neto de 34 500 millones de dólares en los últimos tres meses, un colchón de efectivo que ya se traduce en nuevos chips TPU v6 y en la ampliación de los centros de datos de Iowa y South Carolina. El mensaje es claro: la empresa no solo quiere servir al Ejército; quiere que el Ejército dependa de su silicona.
La jugada contrasta con la imagen pública que Google proyectó hace cinco años, cuando miles de empleados protestaron por el proyecto Maven. Ahora los empleados callan o miran a otro lado: los bonos anuales están atados a la cartera de clientes gubernamentales y la división Cloud factura ya 12 000 millones anuales, un 35 % más que el año anterior.

Los rivales se devoran entre sí
Mientras tanto, Anthropic se desangra en reuniones de dirección donde se discute si vender o no tecnología para drones, y OpenAI acaba de perder la renovación de un contrato de 950 millones con la USAF tras la destitución de tres ingenieros que filtraron un modelo clasificado. La brecha se abre y Google, que fabrica desde el chip hasta el hipervisor, entra por ella sin hacer ruido.
La última versión de Gemini 1.5 Ultra ya igbla las puntuaciones de Claude 3 Opus en las pruebas de razonamiento militar MARCO, según el informe interno al que ha tenido acceso este diario. El chatbot, entrenado con 15 millones de horas de vídeo de satélite desclasificado, reduce de 48 a 3 horas el análisis de objetivos en zonas de conflicto. El Pentágono paga 7,3 millones por cada licencia anual. Y pide más.
Goldman Sachs incluyó el título en su lista de 12 valores de IA con potencial de revalorización del 40 % en 18 meses. No es casualidad: la banca de inversión calcula que los contratos públicos de cloud e IA sumarán 32 000 millones en el próximo lustro. Google ya ha asegurado el 28 % de ese pastel.
La apuesta es arriesgada: cada dólar que ingrese por contratos militares estará bajo la lupa de legisladores que recuerdan todavía el escándalo de las licitaciones de JEDI. Pero Wall Street premia la rentabilidad, no la coherencia ética. Y los números, esta vez, cantan en dólares, no en protestas.