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Johnson & johnson aguanta el vendaval: 63 años repartiendo dividendos sin parar

La bolsa se tambalea, el crudo roza los 100 dólares y las guerras comerciales vuelven a ser noticia de portada. Mientras el índice VIX marca territorio de infarto, hay quien ya no mira el reloj: cobra cada trimestre. Johnson & Johnson acaba de anunciar que subirá de nuevo su dividendo, 63 veces seguidas. En la jungla actual, eso no es un dato; es un oasis.

El único 'rey del dividendo' con rating triple a

La farmacéutica es uno de los tres emisores corporativos que conservan la nota máxima de S&P. El sello AAA le permite financiarse más barato que la mayoría de Estados soberanos. Traducción: cuando el Tesoro sube tipos y las empresas pagan 5 % por colocar bonos, Johnson & Johnson sigue pidiendo plata al 3 %. Esa holgura se convierte en oxígeno para la I+D y, por extensión, para los accionistas.

El negocio farmacéutico genera 55 000 millones anuales. Stelara, su estrella inmunosupresora, pierde protección de patente este año. Pero la compañía ya sustituye ingresos con Tremfya, Carvykti y un tubo de ensayo lleno de anticuerpos bicónicos. En la última conferencia con analistas, el CFO anunció que 2025 será la segunda vez que una biopharma toca los 100 000 millones de facturación. La primera fue… ella misma en 2022.

El robot que operará mientras duermes

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Ottava, su sistema de cirugía asistida, acaba de solicitar la aprobación de la FDA. El aparato entra en un nicho donde Intuitive Surgical lleva décadas sin rival serio. El mercado de bisturís robóticos crece al 15 % anual y apenas está excavado: solo uno de cada diez procedimientos se automatiza. Johnson & Johnson no quiere vender aparatos; quiere alquilar tiempo quirúrgico. Margen brutal, ingresos recurrentes. Un cohete dentro del cohete.

Los inversores ajenos al sector suelen mirar la sanidad como sinónimo de lento. Error. En los últimos cinco ejercicios la compañía ha devuelto al accionista el 55 % del free cash flow generado. El resto se lo queda para comprar su propio papel: 35 000 millones en recompra de acciones desde 2019. Resultado: el número de títulos baja y el dividendo por acción sube. Doble palanca.

El precio que hay que pagar por la tranquilidad

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A cotiza 14,5 veces el beneficio estimado para 2025, apenas un punto por encima de la media del S&P 500. Barata para un triple A con crecimiento medio del 6 % y un dividendo que rinde el 3,2 % neto. La prima de riesgo de la acción frente al bono a 10 años es negativa. Traducción: el mercado está apostando a que los tipos caerán o que Johnson & Johnson crecerá más de lo previsto. Ambas cosas a la vez no son incompatibles.

La advertencia habitual —“el pasado no garantiza…”— suena a folklore bursátil. Aquí el pasado pesa 252 trimestres consecutivos. El dividendo se ha duplicado cada doce años desde 1980. Quien compró mil acciones en la entrada del milenio cobra hoy 8 640 dólares anuales solo por el cupón, sin contar recompras ni splits. Una máquina de hacer plazo fijo con upside bursátil.

El riesgo existe: litigios por talco, presión de precios en Europa y un dólar fuerte que muerde las ventas internacionales. Pero la empresa ha provisionado 9 000 millones para contingencias y aún así mantiene deuda neta por debajo de 1,5 veces el ebitda. La hoja de balance es un bunker.

La volatidad no va a desaparecer. Los algoritmos seguirán vomitando órdenes a las 3 p.m. cuando el dato de empleo desfase un decimal. En ese patio, Johnson & Johnson es el tío que llega con la silla plegable, la gaseosa y el ticket para cobrar cada 90 días. No es la acción que te hará rico mañana; es la que te deja dormir mientras los demás miran la gráfica a las cuatro de la madrugada.